Así imaginaron que sería el mundo del siglo XXI los escritores, filósofos y científicos del pasado: “La humanidad tiene la costumbre de empeorar las cosas”

Repasamos algunas de las predicciones más conocidas sobre cómo sería la realidad que nos rodea, cuando esta todavía era un futuro más o menos lejano

Guardar
Fotografía del inventor Hugo Gernsback,
Fotografía del inventor Hugo Gernsback, considerado como uno de los padres de la ciencia ficción. (Imagen coloreada a partir de la fotografía de Time & Life / Alfred Eisenstaedt)

El año 2026 ha llegado inmerso en el clima general de incertidumbre e inestabilidad característico de los últimos años, el cual, además, no deja de crecer a medida que avanza nuestro siglo. Sin embargo, si algo es típico del ser humano, es esa preocupación por el futuro que se hace especialmente intensa cuando el mundo cambia o está cada vez más cerca de cambiar.

Por este motivo, desde Infobae hemos querido empezar el año recordando qué asuntos preocupaban a las grandes mentes del siglo XX y cómo estas esperaban que fuera el mundo 50 o 100 años adelante. En otras palabras, cómo nuestro presente era imaginado cuando todavía era futuro. Una cuestión que revela cómo algunas de las preocupaciones de entonces siguen siendo las de hoy, mientras que algunas predicciones han quedado muy lejos de convertirse en realidad.

En 1947, la película francesa 'Télévision: Oeil de Demain' adivinó cómo en el futuro seríamos adictos a los móviles.

‘El mundo de mañana’ de Stephen Hawking

Hace poco más de 30 años, la BBC realizó un programa especial para imaginar cómo sería el mundo en 2025. Para ello, decidió contar con uno de los científicos más famosos del momento, Stephen Hawking, quien vaticinó “grandes cambios” para 2025, y con todo tipo de expertos con vocación futurológica. No tuvieron, en general, demasiado tino ninguno de ellos, ya que entre sus predicciones señalaron una guerra cibernética por el control de internet, un lucrativo negocio de minería espacial o microchips en el brazo a modo de tarjetas de crédito.

En cambio, acertaron con algunas cuestiones, como la existencia de robots cirujanos, altavoces inteligentes, la importancia de la ciberseguridad. “Tomorrow’s World estaba orientado por definición a la forma en que la humanidad podía cambiar y mejorar el mundo”, diría para la BBC, ya en 2025, el presentador del programa, Monty Don. “Lo que realmente hemos aprendido desde entonces es que la humanidad tiene la costumbre de empeorar las cosas, especialmente en lo que respecta al medio ambiente, y tenemos que trabajar con la naturaleza en lugar de intentar modificarla y controlarla”.

Imágenes del programa de televisión
Imágenes del programa de televisión 'Tomorrow's World' en 1995. (BBC)

Isaac Asimov, el padre de la ciencia ficción que soñó con nuestra tecnología

En 1964, el escritor Isaac Asimov, autor de libros como La Fundación o Yo, Robot considerado como uno de los máximos exponentes de la ciencia ficción, imaginó cómo sería el futuro cincuenta años después. Por ello, escribió Una visita a la Feria Mundial de 2014, un artículo en el New York Times en el que, cuando ni siquiera existían los móviles, acertó de lleno al incluir smartphones como uno de los elementos más importantes de la sociedad.

El escritor mostró su habilidad para predecir el futuro señalando la presencia de Pantallas planas, videollamadas y una esperanza de vida por encima de los 80 años “en algunas partes del mundo” (hoy se cumple en varios países, entre ellos España), e incluso cómo la salud mental sería uno de los retos a afrontar en nuestro tiempo: “La psiquiatría, me atrevo a decir, será por mucho la más importante especialidad médica”.

Eso sí, no estaría igual de acertado el novelista con otras predicciones, como que la humanidad, incapaz de elevar la producción de alimentos necesarios en la agricultura, acabaría alimentándose a base de “levadura y algas procesadas” con una gran variedad de sabores, ni en el uso de coches voladores con “cerebros robot” o la exitosa venta de viviendas submarinas.

Imágenes del artículo escrito por
Imágenes del artículo escrito por Isaac Asimov sobre cómo sería el mundo en 2014. (New York Times)

Identificados con el mundo ‘cyberpunk’

La década de los 80 trajo consigo el auge del cyberpunk, un subgénero de la ciencia ficción que tuvo como punto de lanza dos ficciones de formatos completamente distintos: Blade Runner, la película de Ridley Scott (basada en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick), y Neuromante, la novela de William Gibson.

En ambas (si bien la primera se sitúa en 2019 y la segunda entre 2020 y 2030), asistimos a un futuro mucho más oscuro que el imaginado por Asimov, donde cuestiones como la contaminación o la hiperpoblación son los factores predominantes de una sociedad en decadencia. La existencia de megacorporaciones tecnológicas y su dominio tanto del mundo como de la vida cotidiana de cada uno no se aleja en exceso de nuestro presente y de nuestros miedos de cara al futuro más inmediato.

Precariedad, vigilancia constante, una cultura del entretenimiento centrada en la saturación y los estímulos constantes, la existencia de un ciberespacio como lugar de trabajo, ocio e identidad... los aciertos de los universos cyberpunk no solo provocaron una masiva identificación con sus historias en su momento, sino que han convertido todos estos textos en una suerte de profecía del mundo en el que vivimos y del que (quizá) nos espera.

Imagen típica de un universo
Imagen típica de un universo 'cyberpunk' basada en el universo de Blade Runner. (Imagen de archivo)

Del “fin de la historia” al “choque de civilizaciones”

Los escritores no han sido los únicos que han pensado en el futuro, ni la ficción ha sido la única vía para explorarlo. Grandes filósofos, sociólogos y pensadores de todo tipo se han atrevido a leer el presente y proyectar cómo sería el mundo en el siglo XXI para bien y para mal. Del lado de los optimistas, bien conocido es el caso de Francis Fukuyama y su libro El fin de la historia y el último hombre, quizá una de las predicciones más creídas y fallidas de las últimas décadas.

El politólogo estadounidense se atrevió a decir que la disolución del bloque soviético a principios de los 90 había supuesto el final de la historia y el triunfo definitivo del liberalismo económico. Entre sus visiones, incluyó la desaparición del marxismo-leninismo en China o la extinción del arte y la filosofía. “Lo que siento dentro de mí, y que veo en otros alrededor mío, es una fuerte nostalgia de la época en que existía la historia”, escribía al final de su famoso ensayo. No todo fueron errores: a Fukuyama hay que apuntarle algunos tantos, como su señalamiento de un aumento de la violencia étnica y nacionalista, así como la importancia del terrorismo.

Por su parte, otro politólogo, Samuel P. Huntington, tendría un punto de vista relativamente distinto en su también famoso libro El choque de civilizaciones. En este texto, sí que se adelanta un declive del poder de Occidente y de su estatus cultural, lo que desataría, precisamente, conflictos con otras civilizaciones y el establecimiento de fronteras culturales que acabarían por fragmentar el mundo. En resumen, el final de la Guerra Fría en 1991 supuso un cambio de paradigma en la imaginación del futuro. Sin embargo, ahí donde Fukuyama veía un consenso casi universal, Huntington solo vio un aumento de los conflictos.

Cubierta de '¿El fin de
Cubierta de '¿El fin de la historia?', de Francis Fukuyama. (Alianza Editorial)

Un inventor en 1925 adivina cómo será el mundo cien años después

Desconocemos si, cuando el inventor y físico inglés Archibald Montgomery Low, publicó en 1925 su libro The Future, una predicción sobre la vida cien años después, la gente se tomó en serio sus palabras. Hoy podemos decir, sin embargo, que el científico podría apuntarse varios tantos a su favor, en especial por adivinaciones como que la televisión superaría a los periódicos como principal fuente de noticias y entretenimiento (cuando la televisión ni siquiera se había comercializado), las escaleras mecánicas o la domótica.

Montgomery también especuló con que las energías renovables serían una solución adoptada por muchos países para dejar de depender de los combustibles fósiles. Además, incluyó que la vida sería mucho más fácil “gracias a las máquinas”, que se encargarían de realizar por nosotros gran parte de los trabajos más pesados, otra predicción que, al menos parcialmente, se ha visto cumplida con la llegada de la automatización de muchos procesos industriales y el avance de la robótica.

Fotografía de Archibald Montgomery Low
Fotografía de Archibald Montgomery Low

¿Cuántos seremos en 2026?

Quién sabe si, de cara a este nuevo año, algunas de las predicciones que hemos mencionado y que todavía no se han materializado podrían acabar viendo la luz. Lo que sí podemos asegurar es que, para 2026 en concreto, también hay una predicción que ha sonado mucho estos días. En 1960, la revista Science entrevistó al autor de un estudio en el que se aseguraba que, de cara a 2026, la humanidad colapsaría por un exceso de población.

El experto, llamado Heinz von Foerster y contratado en el departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Illinois, aseguraba en esta investigación que, a falta de amenazas nucleares, problemas ambientales o lucha por los recursos, habría demasiados seres humanos en el planeta, lo que llevaría a problemas con la producción de alimentos y el acceso a recursos. Desde entonces, la población ha pasado de ser de 3.000 millones a más de 8.000 millones, una cifra que espera seguir creciendo y alcanzar incluso los 11.000 millones en 2050.

Imágenes de la película 'Hijos
Imágenes de la película 'Hijos de los hombres', de Alfonso Cuarón.

Paradójicamente, cada vez estamos también más cerca en el calendario de ese 2027 que imaginó P. D. James en Hijos de los hombres, adaptada al cine por Alfonso Cuarón, donde el problema de la humanidad sería justo el contrario: el peligro de extinción por una inexplicable falta de fertilidad. Algo similar también proyectaría Octavia E. Butler en su libro La Parábola del Sembrador, otro clásico de la ciencia ficción en el que, en 2024, se estima que el cambio climático y la desigualdad económica han conllevado un declive poblacional que, al menos de momento, tampoco se ha cumplido.