
Mamoru Hosoda lo ha vuelto a hacer, ha dejado maravillada a la crítica especializada que se encuentra desplazada en el Festival de Venecia, donde se ha presentado su última película en Sección Oficial fuera de concurso, titulada Scarlet.
En ella, el director de animación japonés reinterpreta nada más y nada menos que a Hamlet de William Shakespeare a través de una epopeya fantástica en la que la protagonista vive rodeada de muertos en un limbo vibrante, en una versión en la que la venganza se enfrenta a la posibilidad de reconciliación y armonía.
“Mientras somos testigos de conflictos desgarradores en todo el mundo, creo que tomar la elección de vivir juntos en armonía es lo que nos conducirá hacia algo mejor”, dijo en la rueda de prensa.
La película traslada así los grandes dilemas morales clásicos a los desafíos actuales, en un universo donde la acción se combina con una reflexión profunda sobre el perdón, el ciclo del odio y la construcción del futuro.
Las claves del cine de Mamoru Hosoda
No es la primera vez que el director utiliza temas actuales para pasarlos por el filtro de la imaginación, conectando a través de su sensibilidad con las inseguridades contemporáneas.
La trayectoria de Hosoda estuvo vinculada en sus inicios al estudio Madhouse, que también fue el hogar de Satoshi Kon, considerado el último gran maestro del anime reciente antes de su fallecimiento en 2010 a los 46 años. Obras como Millennium Actress (2001) y Paprika (2006) evidencian la complejidad y el carácter adulto del cine de Kon, caracterizado por su riqueza formal y su estructura narrativa de múltiples capas.

De alguna manera, Mamoru Hosoda sería el descendiente directo tanto de Satoshi Kon como de Hayao Miyazaki, aunque dueño de una poderosa personalidad propia.
Debutó con La chica que viajaba a través del tiempo (2006), en la que la ciencia ficción servía como pretexto para abordar las primeras decepciones amorosas y el temor a expresar los propios sentimientos. Una fábula sobre el crecimiento marcada por su poesía melancólica y una enorme precisión emocional con la que logran conmover al espectador.
En Summer Wars (2009), mucho más compleja a nivel visual, el director planteaba un conflicto entre el mundo virtual y el real a través de un virus informático que amenazaba una red social global (algo que podría pasar perfectamente en la actualidad).
La película, de gran sofisticación conceptual y despliegue visual, marcó un punto de inflexión en su carrera. Entre sus múltiples niveles de lectura, emerge un mensaje claro sobre la identidad japonesa y la tensión entre las tradiciones nacionales y el temor a que las nuevas tecnologías diluyan esa idiosincrasia.
Mientras que Summer Wars se distinguía por su estética pop y su ruptura con el tono más sosegado de La chica que saltaba a través del tiempo, Hosoda recuperó un enfoque narrativo clásico en Wolf Children (Los niños lobo). Esta obra se aproxima a la reivindicación de la naturaleza presente en el cine de Miyazaki, y comparte su lirismo, espiritualidad y refinamiento visual.
De la austeridad al despliegue visual arrollador
El director siguió creciendo con películas como El chico y la bestia, que estuvo en competición en el Festival de San Sebastián, otro precioso cuento sobre hacerse mayor, y continuó con Mirai, mi hermana pequeña, en la que se mostró más esencial que nunca para situarse a la altura de la mirada de un niño de cuatro años que ve cómo su pequeño microcosmos se desmorona ante la llegada de un nuevo miembro de la familia.
Hasta el momento, su última película había sido Belle, que podríamos considerar antecedente directo de Scarlet, una portentosa obra en la que ya se adentraba en los territorios de la ciencia ficción y las nuevas tecnologías.
Su protagonista ya no era una niña, tenía 17 años y, al estar desconectada del mundo real, encontraba un espacio virtual en el que se sentía aceptada y encontraba su nueva identidad.
Lo que está claro es que Hosoda encarna una generación que ha renovado el anime al dotarlo de modernidad y temáticas contemporáneas, logrando que sus películas conecten con el público actual a través de relatos de aprendizaje y crecimiento personal y una explosiva imaginación.
En plataformas digitales podemos recuperar la obra de este director: El niño y la bestia y Belle están disponible en Prime Video y Movistar Plus+; Los niños lobo y Summer Wars solo en Movistar Plus+ y, Mirai, mi hermana pequeña, en Movistar Plus+ y en Filmin.
Scarlet se estrenará en nuestro país el 12 de diciembre de 2025.
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