
Érase una vez una madre contándole historias a su hijo. Cuentos de hadas, príncipes y reinas, de monstruos, sirenas y marionetas, de emperadores y princesas. El que más le contaban a Pablo Pérez, más conocido en el mundo del rap y del freestyle como Blon (@blon_doblefilo), era el de Los tres cerditos. “Me compré un DVD que era como una fábula en dibujos animados y la veía un montón, con mi hermano, me acuerdo”.
Ahora, los cuentos son recuerdos. Vestigios de un pasado en los que Blon ha descubierto, también, un reflejo del presente del que hoy es testigo. “Hay muchos mensajes en los cuentos infantiles que se pueden extrapolar a la realidad y muchos matices que puedes absorber de esos cuentos para hablar de problemáticas más actuales o de temas más modernos”.
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Narrar en versos la actualidad
De esta reflexión nace Colorín Colorado (Aguilar), un poemario lleno de versos que buscan “cambiar el cuento” de toda la vida para, precisamente, mostrar cómo pueden hablarnos de la edad adulta. Los cerditos, ahora, son víctimas del mercado inmobiliario, mientras que Pinocho sucumbe al poder destructivo de las redes sociales y el flautista de Hamelin no es más que otro tirano más al que saltarle al cuello.

Las historias de Blon, no obstante, no se limitan a contar lo que el cuentista ve. Nacen, también, de sus propias experiencias más allá de la fama y su trabajo. “Siempre intento partir de experiencias y sentimientos reales”, confiesa. “En el libro hablo de mi trastorno obsesivo compulsivo (TOC) a través del poema de Ricitos de Oro”. Un ejemplo de cómo este ejercicio le ha servido para “abrirse en canal” y convertirse no solo en el mensajero, sino en el propio mensaje.
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“Tengo ansiedad y también hablo de ello en Blancanieves”, continúa. “Hablo de las adicciones... no sé, de muchas cosas que creo que pueden servir y pueden ayudar, además de volver a poner un poco en la palestra el tema de la salud mental”. Pero también deja espacio para esos detalles íntimos de lo que le hace feliz. Cuenta, por ejemplo, que el poema La princesa y su guisante se inspira en una “historia real” con su novia.
Un punto de partida
Un método de expresión que, en realidad, no se aleja mucho de lo que lleva tantos años haciendo en el mundo del rap, aunque en esto de la poesía tampoco sea, precisamente, un novato. “Yo es que escribía poesía antes de empezar a rapear”, asegura. “O sea, yo creo que empecé a rapear porque escribía y no al revés”. Su éxito en el mundo del freestyle llegó, sobre todo, a partir de 2013, y en 2018 aparecería su primer poemario, Eternamente, al que le han seguido, con este, otros tres.
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“Ese libro estaba pensado más para un público más adolescente o juvenil”, recuerda, “pero conforme han ido pasando los años también ha ido creciendo. Yo y considero que el tipo de poesía que escribo ahora está un poco más orientada al público más adulto, pero sin dejar atrás tampoco al público joven”.
De hecho, en 2021 Blon publicó un libro que guarda ciertas similitudes con Colorín Colorado. Se trata de El castigo de Sísifo, donde explica que hizo “el mismo juego y el mismo ejercicio”, pero basándose en los clásicos. “Creo que son historias que me pueden servir como punto de partida e inspirar por los temas que tratan”, añade. “Siempre me ha gustado muchísimo inspirarme en otras obras y sacarle esos matices”. Así, aunque no se aborden desde el presente de la misma manera, “son obras muy ricas en todos los aspectos para yo poder jugar con eso”.
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Al final, el objetivo es siempre el mismo: “Despertar emociones”. Rabia, empatía, tristeza, alegría...“Despertar algo dentro de la persona y plantear una voz interna en la gente, que es lo que me pasa a mí con la poesía”, afirma. En un mundo donde la información abunda e incluso satura a todos, dar la posibilidad, a través de los cuentos, de “respirar y pensar más allá de los inputs que recibimos todo el rato de todos lados”. “Creo que poder sentarte a reflexionar con un libro de poesía es bueno”.
Se convierte, de hecho, también en una oportunidad para enriquecerse a sí mismo, algo que pudo comprobar en una lectura de El castigo de Sísifo en un instituto. “Cada uno de los chicos y chicas interpretaba los poemas de una manera, incluso con formas de interpretarlo, para mí muy correctas, que yo no me había planteado. Para mí eso fue súper, súper emotivo y súper bonito”. Una alegría que, no obstante, se añade a su “responsabilidad” al publicar.
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¿Los cuentos han perdido el valor que antes tenían?
Durante mucho tiempo, los cuentos como los que aparecieron en Colorín Colorado, los de ‘toda la vida’, sirvieron como una forma de transmitir información útil para los más pequeños. Si Caperucita Roja enseñaba el peligro de fiarse de los desconocidos, Pedro y el Lobo enseñaba por qué no debemos decir mentiras. De alguna forma, los cuentos se utilizaban para que los niños pudieran construir un primer esquema del mundo que les esperaba.

Preguntado por si este valor se ha mantenido vigente y por si las nuevas generaciones han crecido con los mismos cuentos que sus hermanos mayores y sus padres, Blon cree que algo ha cambiado. A día de hoy, “los clásicos de Disney” han comenzado a ejercer parte de ese trabajo. Las versiones más modernas de Blancanieves, La Sirenita o Alicia en el País de las Maravillas que se han podido ver en los cines, por otro lado, han sido una forma más de cambiar esos cuentos que los mayores recuerdan. Transformaciones que ya comienzan a “formar parte de la cultura popular”.
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Aun así, reconoce que “hay algunos cuentos como puede ser El sastrecillo valiente o El traje nuevo del emperador, que mucha gente de las nuevas generaciones no conocerá”. Pero esa es, precisamente, otra posible contribución que puede ofrecer Colorín Colorado. “Yo, como lector, si tuviese 18 años o 19 y me gustase la poesía y me comprase un libro sobre cuentos que no conozco, buscaría cómo es el cuento original. Ahí también puede abrir otra puerta”.
Y, detrás de todo, como una “editora en la sombra”, sigue estando su madre. “Todo lo que escribía se lo pasaba y ella me daba alguna corrección, me daba alguna idea y entonces decidí dedicarle el libro, ya no solo porque me ayudara mucho en este proceso, sino porque fue la que me abrió la puerta al mundo de los cuentos infantiles”. Érase una vez, un hogar de cuentos y juguetes. “Allí donde mi existencia empezó a cobrar sentido”.
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