Es sin duda uno de los grandes intérpretes italianos, así como icono y sex symbol de toda una generación desde que protagonizó la adaptación original de Tres metros sobre el cielo, mucho antes de que Mario Casas se convirtiera en el protagonista de la versión española del ‘bestseller’ de Federico Moccia.
Se trata de Riccardo Scamarcio que, a sus 45 años, ha demostrado ser mucho más que un ídolo adolescente gracias una trayectoria de lo más prestigiosa que abarca títulos clave dentro del imaginario colectivo de la cinematografía de su país en las últimas décadas, como La mejor juventud, Romanzo criminale o Manuale d’amore.
Ha trabajado con grandes directores como Paolo Sorrentino, Daniele Luchetti, Michele Placido o Ferzan Ozpetek pero, además, también se ha ido haciendo un hueco en el panorama internacional gracias a sus películas con Abel Ferrara, a protagonizar Edén al Oeste, de Costa-Gavras y a participar en producciones como A Roma con amor, de Woody Allen, John Wick: Pacto de sangre, junto a Keanu Reeves o Misterio en Venecia, de Kenneth Brannagh.

Ahora vuelve a la actualidad gracias a su interpretación del pintor y escultor Amedeo Modigliani en un ‘biopic’ dirigido por Johnny Depp que se presentó en el pasado Festival de San Sebastián. Se titula Modigliani, tres días en Montparnasse y está basado en un libro de Dennis McIntyre que nos sumerge en la desordenada y caótica vida de un creador que, mientras vivió no conoció la fama, razón por la que siempre se sintió un artista incomprendido.
Pregunta: Es la segunda vez que interpreta a un pintor. Primero a Caravaggio (en La sombra de Caravaggio) y ahora a Modigliani...
Respuesta: Podemos decir que me estoy especializando, sí (ríe). Ambos fueron dos pintores italianos fantásticos y con muchos más puntos en común de lo que pudiera parecer. Pero si tuviera que decantarme por uno, creo que sería por Modi (la abreviatura de Modigliani y como le llamaban sus amigos). Además, tengo una filiación emocional bonita con él, porque mi madre tenía un libro enorme repleto de cuadros y esculturas suyas y yo me pasaba horas mirándolo. Así que cuando me propusieron interpretarlo no me lo podía creer... Además, siendo dirigido por alguien como Johnny Depp, al que respeto tanto como actor.
Miedo a decepcionar a Johnny Depp
P: ¿Cómo fue su experiencia con Johnny Depp?
R: Tenía miedo de desilusionarlo, de decepcionarlo. Es una leyenda de la interpretación, pero detrás de todo eso está el artista y el hombre. Es una persona increíble, muy sensible, justo, leal y un excelente director. Lo más importante es que logró crear entre ambos una dinámica de confianza, si no, no hubiera sido posible una película así, tan especial, en la que fui capaz de darlo todo.
P: Hay una serie de cuestiones que aborda la película, como cuál es el significado del arte. ¿Qué lugar cree que ocupa en nuestra sociedad y por qué cree que es importante preservarlo?
R: Para mí el arte no es una cuestión pedagógica. Está mucho más allá de ese y cualquier otro concepto. Es una forma de expresión que trasmite dolor, amor, ternura, sufrimiento... Es como una especie de energía que siempre está vibrando. El arte despierta la empatía y es algo muy valioso en un mundo en el que hay tanta violencia, en el que todo es blanco o negro, en el que cada vez hay menos sensibilidad. Necesitamos la belleza y celebrar los matices porque la naturaleza humana está repleta de ellos.

P: ¿Le dijo Johnny Depp por qué quería hablar sobre Modigliani?
R: Pues la verdad es que hablamos de muchas cosas antes, durante y después de la filmación, pero no mucho sobre Modigliani (risas). Johnny Depp es como una especie de chamán, él te habla de sus experiencias y te hipnotiza. Te puede contar de cuando conoció a Marlon Brandon y se hicieron amigos, o del tiempo que pasó en Kentucky tocando la guitarra. Hablábamos mucho sobre política, sobre la vida, sobre cuál es la escala de valores para cada uno.
P: Al final de la película, el protagonista, Modigliani, argumenta que un artista necesita la aprobación de los demás. ¿Cree que al fin y al cabo todos necesitamos esa aprobación?
R: Lamentablemente, creo que tiene razón. No es una cuestión de ego, todos necesitamos que nos aprecien, sobre todo si tenemos un trabajo creativo. Ser actor es como ponerse y quitarse una chaqueta y debajo está la persona, pero nunca seré lo suficientemente sabio como para conseguir que me dé todo igual. Quizás para ello tendría que cambiar de trabajo (ríe).
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