Irene de la Rosa acerca el flamenco a las personas sordas con 'Antoñita: cuerpo y memoria'

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València, 8 oct (EFE).- Tras la pregunta de "¿cómo bailarías si no escucharas?" que se hizo Irene de la Rosa hace dos años, la artista ha construido 'Antoñita: cuerpo y memoria', una propuesta que acerca el flamenco al colectivo de personas sordas, gracias a la mediación cultural realizada con la Federación de Personas Sordas de la Comunitat Valenciana (FESORD).

"Quiero que escuchemos a nuestra propia vibración, a nuestros deseos y saber qué queremos dejar en este mundo, si como sociedad podemos dejar esto mejor de lo que estaba cuando llegamos. Quiero que la gente salga del teatro diciendo: 'yo puedo ser quien quiera ser'", ha expresado Irene de la Rosa en declaraciones a EFE.

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La propuesta escénica, que se podrá disfrutar desde este jueves hasta el domingo en el Teatre Rialto de València, es accesible y cuenta con "subtítulos, mochilas vibratorias y todo un trabajo de luces que se ha realizado junto a la comunidad sorda para potenciar el impacto visual", según De la Rosa.

Gracias al trabajo realizado con FESORD y, en concreto, con quince mujeres de Espai Dona con las que pudo hacer "sesiones de cocreación", la bailarina descubrió que la vibración es uno de los principales canales para sentir la música, ya que existen determinados sonidos y frecuencias "que llegan más".

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Para De la Rosa, la vida y obra de La Singla, una bailaora sorda que ya no está en activo, ha sido "una fuente de inspiración" para crear 'Antoñita: cuerpo y memoria' y el visionado del documental que realizó Paloma Zapata sobre ella le sirvió como punto de partida para seguir planteándose cómo hacer la danza más accesible.

Dos años después, la creadora valenciana responde a la pregunta que se hizo en un sentido "muy emocional, filosófico y de introspección" y considera: "Lo que nos hace vibrar es lo que nos emociona, lo que queremos expresar y compartir con el mundo".

Construir este proyecto, tal y como explica De la Rosa a EFE, ha sido también un proceso que empieza con sus propios recuerdos, su entorno y su familia.

Por eso no podían faltar incluir en esta pieza de flamenco dos pequeños homenajes a sus abuelas; a la materna, Antoñita, con su nombre, y a la paterna, con los poemas que están presentes en la composición. EFE

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