María Belmonte: "Nietzsche y George Sand vivieron fuera de los senderos trillados"

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Irene Dalmases

Barcelona, 6 oct (EFE).- La escritora María Belmonte abrió hace tres años al azar uno de los muchos cuadernos que guarda en su casa, donde apunta frases de libros, archiva recortes de revistas o anota sobre amores y viajes, y descubrió una frase sobre el filósofo Friedrich Nietzsche que la llevó a armar su nuevo título, 'Almas libres y joviales'.

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En una entrevista con EFE, Belmonte ha reconocido este martes que a partir de aquel día se adentró en la vida y la obra del pensador alemán, pero también de la francesa George Sand, del artista inglés Edward Lear y del poeta estadounidense Gary Snyder, a los que admira y quienes cree "hicieron de su vida una obra de arte".

Publicado por Acantilado, en su nuevo ensayo, la bilbaína -aunque lleva tres décadas viviendo en Cataluña- invita a abrazar la jovialidad como principio de resistencia de la mano de los cuatro protagonistas de la obra, personas que "consiguieron vivir fuera de los senderos trillados y de lo que dicta la sociedad".

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Bromea que durante el tiempo que ha pasado con ellos como una eremita, incluso soñando con los cuatro, le "han enseñado mucho", ha intentado ser "una discípula suya".

La jovialidad que defiende en la obra es "un concepto precioso, que no tiene nada que ver con el goce fácil y de satisfacer deseos continuamente, sino todo lo contrario: es una actitud seria ante la vida, pero, al mismo tiempo, hace que vivas de forma serena y alegre, algo que nos hace falta a todos".

No obvia que todos tuvieron vidas duras, sobretodo Nietzsche, por sus enfermedades, pero también George Sand, con una "vida caótica entre guerras y revoluciones en Francia, siendo admirada, pero también acosada", mientras que Lear, que era epiléptico, fue un homosexual en época victoriana, aunque nunca salió del armario, muy querido por todos, alguien que "encontró su refugio en el absurdo".

Dice, por otra parte, estar enamorada de Gary Snyder, que con 96 años vive en Estados Unidos, uno de sus "héroes absolutos, con un papel importantísimo en la lucha ambiental".

"Los cuatro adoptaron una actitud juguetona ante la vida, bailaron ante el abismo, conscientes de sus horrores, sus tragedias".

Le gusta a María Belmonte que uno de sus amigos le haya comentado que se ha convertido en una retratista, una escritora que no esconde que sufre el síndrome del enamoramiento hacia sus personajes, porque no encuentra "ningún defecto" en sus "amores" y, si los intuye, pasa "de largo".

Como es habitual en ella, para acabar de perfilar sus obras viaja hasta los lugares de los que habla y en este caso, sin poder evitar cerrar los ojos, rememora el momento epifánico en un jardín de naranjos en Sorrento, cerca de Nápoles, donde durante una época residió Nietzsche.

En la casa en la que vivió George Sand, en el centro de Francia, sintió la "emoción del visitante, le rendí pleitesía, toqué la barandilla de la escalera, por donde pasó su mano Chopin, y en California busqué la cabaña en la que estuvo Gary Snyder, mientras que en Kioto visité el monasterio en el que vivió, tuve un encuentro con un cuervo, un ser que da suerte y que allí es muy querido".

"No podría hacer -precisa- un libro solo de retratos. Es importantísimo ir a los lugares, buscar los fantasmas de todos ellos y, la verdad, es que los encuentro, de aquí mis emociones, mis epifanías".

Preguntada sobre si está pensando ya en un nuevo libro, la escritora avanza que tiene nuevas ideas, que le llevarán a viajar de nuevo, pero no quiere deslizar nada más.

Concluye señalando que este lunes, que se encontraba en Madrid, fue hasta Sol y allí vio una "maravillosa pancarta en la que se podía leer: 'No queremos ni caseros, ni jefes, queremos un mundo nuevo'. Eso es lo que construyeron los personajes de este libro", asevera. EFE

(Foto)

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