Cincuenta años después, jornaleros extremeños que lucharon en la del 76 llaman a la huelga

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Ana Picón

Almendralejo (Badajoz), 3 oct (EFE).- "Antes las reivindicaciones eran de lucha en la calle y ahora son de despacho, ese es el problema", declara Antonio Fernández Nieto, uno de los jornaleros que participaron en la huelga de la vendimia de 1976, cuyo 50 aniversario se ha conmemorado en Almendralejo mirando también al presente: la lucha por la vivienda y la posibilidad de una huelga general.

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El acto, organizado por PCE Tierra de Barros, Izquierda Unida y Unidas por Almendralejo, ha dado voz a los jornaleros como Antonio, que a sus 75 años recuerda cómo comenzó a organizarse en los años setenta para reclamar mejores condiciones en el campo de Tierra de Barros.

Tampoco se le olvidan a Antonio los golpes que recibió durante aquellas protestas y como él Eduardo León, que participó en aquella huelga que duró “unos 7 días por un jornal digno”.

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Durante la vendimia, participó en piquetes y llegó a ser retenido por la Guardia Civil cuando intentaba parar una cuadrilla en Valverde de Leganés (Badajoz).

La movilización de 1976 se convirtió en el germen de un proceso de lucha que continuó durante los años siguientes.

Santiago Fernández es uno de los que estuvo en las protestas posteriores y destaca cuando interrumpieron el paso de la Vuelta Ciclista a España en el 80 porque “hubo enfrentamientos y heridos, tanto guardia civiles como trabajadores”.

El militante de la Asociación 25 de Marzo, Manuel Cañada, ha explicado que la huelga del 76 debe entenderse dentro del importante movimiento obrero que acompañó la Transición en Extremadura.

“Estamos acostumbrados a que la historia es siempre la historia de los de arriba, de los políticos, de los generales, de los obispos. Pero en la historia quien realmente transforma la realidad no es la clase dominante, son las clases trabajadoras, las clases populares y, en este caso, los jornaleros”, ha apuntado Cañada.

La comarca de Tierra de Barros fue “vanguardia de ese movimiento obrero tan importante” que continuó hasta conseguir la regulación al conjunto de las faenas agrícolas con el convenio del campo extremeño firmado en 1980.

Para Cañada, aquellos avances no fueron concesiones sino conquistas, porque “a los trabajadores nunca les regalan nada, siempre han tenido que torcerle el brazo a los dueños para que suelten derechos laborales o para que suelten ahora el derecho a la vivienda. O la gente trabajadora se organiza y lucha, o no se consiguen las cosas”.

En este sentido habla también Eduardo, que con 77 años anima a los jóvenes a luchar por el derecho a techo y reclama a los ayuntamientos que impulsen viviendas, ya que por ejemplo en su pueblo, Santa Marta de los Barros, asegura que llevan doce años sin construir.

“Hay que unir las luchas de antes con las de ahora”, sostiene Cañada, que defiende ese proceso debe conducir hacia “una huelga general por la vivienda”.

Cincuenta años después de las protestas de estos jornaleros, la huelga vuelve a plantearse en términos de lucha colectiva: entonces, por un jornal digno; ahora, por el acceso a la vivienda. EFE

apg/pcm/jlp

(foto) (video)

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