La lluvia no desactiva la acampada de Sol, que sigue entre toldos improvisados y asambleas

Guardar

Isabel Rodríguez Ramiro

Madrid, 28 sep (EFE).- La previsión de lluvia ha obligado este lunes a los acampados de la Puerta del Sol a agudizar el ingenio para mantener en pie las tiendas de campaña y toldos, pero no ha frenado una protesta que continúa entre estructuras improvisadas, ordenadores protegidos bajo las lonas y asambleas que siguen organizándose pese al agua.

PUBLICIDAD

Desde por la mañana, varios acampados buscan cómo reforzar las estructuras ante una tarde que se presenta pasada por agua. Las tiendas están muy juntas y apenas queda espacio para nuevas instalaciones, mientras las lonas comienzan a ceder y algunos se afanan en sujetarlas para evitar que el agua termine entrando en los espacios donde duermen y se reúnen.

Alicia coloca junto a otros acampados una estructura improvisada con tubos de cartón rescatados de la basura de una tienda, que encajan en unas cajas de cartón dobladas en forma de triángulo y sujetas con cinta aislante. El pequeño sistema de ingeniería casera sirve para reforzar los toldos y mantenerlos en pie frente a la lluvia.

PUBLICIDAD

La previsión meteorológica obliga a seguir buscando soluciones mientras la actividad de la plaza continúa y a pocos metros, un grupo trabaja con sus portátiles.

Raquel, consultora de una empresa que asesora a sindicatos y comités de empresa, ha decidido teletrabajar desde Sol. Tiene flexibilidad laboral y considera que esa posibilidad es hoy "un privilegio", frente a quienes no pueden ausentarse de sus puestos.

Ha avisado a su coordinadora y compagina los proyectos que tiene pendientes con la participación en la acampada. El jueves tendrá que acudir presencialmente a la oficina, pero mientras tanto asegura que permanecerá en Sol "mientras esto siga adelante".

También Lorena, de 29 años y natural de Albacete, ha organizado su jornada para quedarse hoy en Sol. Es cómica y trabaja principalmente por las tardes y los fines de semana, por lo que ha acudido acompañada de su perra, a la que considera su familia, y prevé pasar otra noche en la plaza.

"Es muy emocionante y muy reconfortante ver que no estás solo", resume sobre la experiencia de estos días, en los que asegura haber comprobado que el problema de la vivienda reúne a personas de edades y situaciones muy diferentes.

Entre quienes permanecen en la plaza hay también estudiantes, como Nicolás, que cursa Ciencias Políticas y Sociología y reconoce que tiene clase, pero ha decidido quedarse: "En la calle se aprende muchísimo".

Para ellos, Sol se ha convertido en una 'minisociedad', en palabras de otro estudiante, Alfredo, con recursos compartidos entre distintas organizaciones y grupos y una sensación de comunidad que, según explica, le ha sorprendido.

Esa comunidad empieza también a dotarse de sus propias reglas. Aroa cuenta que varias personas han impulsado una asamblea abierta después de detectar que necesitaban hablar de asuntos que iban más allá de la vivienda, como educación, cuidados, convivencia y seguridad.

La reunión pretende abordar incluso cómo actuar ante posibles agresiones verbales o intervenciones policiales y cómo coordinarse con otros grupos presentes en la acampada. "Está surgiendo de manera muy orgánica", explica a EFE.

No todos tienen claro qué ocurrirá después del Consejo de Ministros de mañana martes. Algunos creen que puede marcar el final de la protesta, mientras otros quieren mantenerla porque "el problema no acaba mañana". La idea que ha comenzado a circular es crear incluso una asamblea permanente y continuar ocupando las calles aunque se levanten las tiendas.

Ruth Galán, una de las portavoces del Sindicato de Inquilinas, sostiene que si el decreto no sale adelante o sale, pero no completo, no recogerán simplemente las tiendas para volver a casa. Asegura que la movilización podría trasladarse a otras localidades y comunidades autónomas.

La plaza también ha vivido momentos de tensión. Dos personas identificadas por los acampados como "agitadores de ultraderecha" se han acercado a la protesta para increpar a los manifestantes que los han expulsado al grito de "fuera fascistas de nuestros barrios".

La incógnita ahora ya no es solo cuánto durará la acampada, sino qué quedará de ella cuando las tiendas desaparezcan. EFE

(Foto) (Vídeo)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD