Machado, el vecino ilustre de Colliure (Francia) que nunca está solo en su tumba

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Fermín Cabanillas

Colliure (Francia), 28 ago (EFE).- Solo hay que caminar unos metros en el cementerio de Colliure, en el sudeste francés, para llegar a la tumba de Antonio Machado, donde reposan los restos del escritor sevillano y su madre, Ana Ruiz, que, casi 90 años después, sigue siendo lugar de peregrinaje de cientos de personas cada día para mostrar sus respetos al escritor.

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La tumba está en un lugar preferente en la entrada principal del camposanto, un sitio que no es casualidad en un pueblo de 2.700 habitantes que tiene a Machado en su recuerdo como uno de sus vecinos más ilustres, a pesar de que solo estuvo allí entre el 28 de enero y el 22 de febrero de 1939, menos de un mes, pero su llegada, huyendo de las tropas franquistas, fue todo un acontecimiento.

Este pueblo costero a 39 kilómetros de la frontera española ha visto cómo su crecimiento ha terminando integrando su cementerio en su casco urbano, e incluso las señalizaciones no solo marcan cómo llegar hasta allí, sino que, directamente, señalan el camino hacia la “Tombe d'Antonio Machado”, que nunca está sola desde que el operario municipal de guardia abre sus puertas a las 8:00 de la mañana.

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Tal es el trasiego ante la tumba que el encargado del cementerio bromea con que es “el sepulturero más acompañado de toda Francia”, y cuando se llega a cualquier tienda del pueblo y se pide cualquier artículo, no es raro que quien atiende comente: “Espagnols, comme Machado”, y cuente su particular historia sobre cómo se vive en sus calles ser centro de atención por un poeta nacido en Sevilla en 1875.

Todo lo relacionado con Machado lo coordina en Colliure la fundación creada en el municipio francés, que tiene incluso un buzón junto a la tumba en la que se depositan cientos de cartas, que los integrantes de esta entidad se encargan de contestar, aunque algunas se dejan directamente sobre la lápida, con mensajes como ‘Va por ti, papá’, depositada el pasado 13 de agosto, en la que se dan las “gracias por tanto” al escritor.

Ante la tumba, una pareja catalana explica a EFE que tienen como parte de su ritual de vida visitar al escritor cada dos años aproximadamente, y se emocionan no solo viendo cómo han aumentado las banderas republicanas y demás símbolos que cada persona va depositando, sino los mensajes personales que se dejan sobre la lápida, como una pequeña piedra blanca con la bandera de la República y el mensaje “Gente de Triana”.

A unos 200 metros del cementerio está el Espacio Antonio Machado, en el hotel en el fue recibido a su llegada. Allí se ha reproducido la habitación del poeta, con la cama en la que murió junto a la de su madre, que agonizaba para fallecer justo tres días después.

La guía del museo, que se puede visitar por solo un euro, explica algunas de sus curiosidades, como que el libro de huéspedes, “quizás por error de traducción”, cita que el poeta tenía 74 años en lugar de 63. El museo está, precisamente, en la calle Antonio Machado, en ‘Casa Quintana’, otrora hotel regentado por Pauline Quintana, que, a sabiendas de quién era su huésped, le protegió con todo lo que pudo, cuando llegó sin dinero ni pertenencias.

Ante su precariedad, fue enterrado en un nicho de la familia Py-Deboher, amigos de Quintana, como su madre, pero cuando la familia necesitó la sepultura, el Ayuntamiento actuó rápido y cedió el terreno para la actual tumba, inaugurada el 16 de julio de 1958.

Hasta allí acude gente de todas las edades para rendir homenaje a Machado, donde “murió el poeta lejos de su hogar, le cubre el polvo de un país vecino”, como Serrat inmortalizó en ‘Cantares’ en su recuerdo, y donde los 26 días que pasó en esa localidad francesa son, para los vecinos, una parte más que importante de su historia. EFE

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(Foto) (Vídeo)

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