Triunfo populista de Roca Rey en una tarde de histórico 'No hay billetes' en Bilbao

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Paco Aguado

Bilbao, 27 ago (EFE).- El diestro peruano Andrés Roca Rey cortó hoy sendas orejas de tono populista en la cuarta de las Corridas Generales de Bilbao, en una tarde en la que en las taquillas de Vista Alegre se colocó un histórico 'No hay billetes' y que acabó deslucida por el fuerte viento y la falta de raza y fuerzas de los toros de Victoriano del Río.

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El triunfo del suramericano estuvo basado, casi exclusivamente, en un toreo efectista con el que, a falta de otros recursos, dio motivos para aplaudir al hoy entusiasta y festivo público que colmó los tendidos bilbaínos como no sucedía en esta plaza desde hace exactamente quince años, con Enrique Ponce y El Juli en el cartel.

En realidad, esa versión de su tauromaquia, apoyada en el manido arrimón de final de faena, los pases por la espalda y algún otro alarde aparatoso, fue la única con la que Roca pudo remontar, entre el fuerte viento que sopló toda la tarde, la falta de raza y de fuerzas, que como todo el conjunto de la corrida de la divisa madrileña, tuvo su lote.

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La primera oreja se la dieron así de un tercero que pronto comenzó a vaciarse, casi desde el quite por saltilleras que le hizo el torero de Lima y que fue el paso previo a una faena de muleta en la que, para evitar sus intenciones de salirse de las suertes, tapó mucho la cara del animal con la muleta desde la colocación en la pala del pitón.

Fueron por tanto, entre muchas pausas motivadas por el viento, apenas medios pases que no encontraron el eco que sí tuvo el recurso postrero del arrimón y los circulares invertidos, que provocaron tan desmedido entusiasmo entre el público que hasta le llegaron a pedir dos orejas que la presidencia, con buen sentido, sólo dejó en una.

El sexto, tan terciado como el anterior, apuntó rajarse en un inicio de faena en el que Roca también se lo pasó por la espalda con las dos rodillas en tierra, hasta que, ya en pie, dispuesto a torear con la derecha, el de Victoriano del Rio comenzó a tomar de forma descarada el camino de las tablas.

Tras varios intentos baldíos por desengañarle, tuvo que ser en los terrenos donde el astado buscaba refugio el lugar donde Roca optó por darse de nuevo a los efectismos que tanto se jalearon y que tuvieron su colofón a la hora de entrar a matar, cuando tiró la muleta al suelo y entró citando a cuerpo limpio, confiado en la querencia del toro hacia los tableros, para cobrar de manera tan espectacular la estocada con que aferró ese segundo trofeo.

Con más pureza y más por derecho quiso torear toda la tarde Diego Urdiales, al que el público sacó a saludar por su triunfo en la pasada edición de la feria, antes de que saliera al ruedo el primero de la tarde, un toro con volumen y serio trapío pero sin fuerza en los cuartos traseros.

Ese defecto hizo que el astado se afligiera ya al salir del tercio de varas, sólo que la paciencia y el temple del veterano diestro riojano fueron asentándole y desengañándole para que, al menos, le propiciara unas cuantas medias arrancadas en las que Urdiales le sostuvo con calidad, aunque sin llegar a levantar más una faena que antes perecía impensable.

Y esa misma fórmula -pulso, temple, buena técnica, ritmo y pausas oportunas- fue la que tuvo que aplicar el torero de Arnedo (La Rioja) con el cuarto, un toro de finas pero muy serias hechuras aunque debilísimo de remos, para sacarle así un puñado de buenos naturales demasiado sueltos y que selló con una estocada de ejemplar ejecución.

Por su parte, Alejandro Talavante casi pasó desapercibido por Bilbao, pues no fue más allá de manejarse con neutra corrección con un segundo de calidad pero con un escaso gas que pronto se le terminó, y abrevió, casi a la fuerza, con un quinto muy terciado que se defendió y perdió repetidamente las manos a falta de encontrar enfrente una muleta con mayor temple.

Seis toros de Victoriano del Río, de muy desigual trapío, con toros hondos y cuajados frente a otros más terciados, aunque bien armados. En conjunto, corrida muy desrazada y a menos, la mayoría afligidos por su falta de fuerza o empuje, dentro de cierta nobleza.

Diego Urdiales, de nazareno y oro: estocada contraria delantera (ovación tras leve petición de oreja); estocada (ovación tras aviso).

Alejandro Talavante, de sangre de toro y oro: pinchazo y estocada atravesada (silencio); estocada (silencio).

Roca Rey, de negro y oro: estocada delantera (oreja con petición de la segunda); estocada delantera desprendida y descabello (oreja tras aviso).

Entre las cuadrillas, Agustín de Espartinas saludó tras banderillear al sexto.

Cuarto festejo de abono de las Corridas Generales, con cartel de 'No hay billetes' (14.800 espectadores) en tarde de tiempo inestable y con un fuerte viento que condicionó todas las lidias. EFE

(foto)

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