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El abandono rural convierte el territorio en una "mecha forestal", según un geógrafo

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Valencia, 29 jul (EFE).- El geógrafo de la Universitat de València Javier Berenguer afirma que el abandono rural "convierte el territorio en una mecha forestal ininterrumpida y dispara el riesgo en la frontera entre las zonas habitadas y el monte".

Investigador del Departamento de Geografía de la Universitat de València, especializado en análisis territorial y riesgo, su trabajo sobre la geografía del fuego explica por qué una misma ola de calor puede tener consecuencias muy distintas según el territorio que encuentre a su paso.

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“Las condiciones ambientales del momento juegan un papel crucial, pero no son suficientes por sí solas para explicar el riesgo de incendio al completo”, advierte Berenguer en un comunicado de la Universitat de València.

La amenaza depende también de cómo está organizado el territorio: la continuidad de la vegetación, el abandono agrícola, la acumulación de biomasa, las viviendas dispersas o la accesibilidad para los equipos de extinción.

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"El calor enciende la mecha. La geografía decide si esa mecha recorre dos metros o dos mil hectáreas", añade Berenguer, quien afirma sobre el territorio valenciano que el abandono paulatino de numerosos cultivos "ha ocasionado la colonización progresiva de las parcelas por matorrales y arbolado, conectándolas con las masas forestales próximas".

A su juicio, "donde antes había bancales, huertos y caminos transitados —una alternancia de usos que interrumpía el avance del fuego— hoy hay una superficie homogénea y continua. Es lo que en esta serie se conoce como una mecha forestal ininterrumpida: capaz de conducir el fuego durante kilómetros sin que nada lo frene".

Berenguer matiza que no se puede "hablar de una causalidad automática y directa entre la despoblación y los grandes incendios modernos. El éxodo rural retira a quienes mantenían el territorio abierto, lo que deja más biomasa acumulada y menos vigilancia local, pero la severidad final depende también de la meteorología, la topografía y la gestión forestal. La despoblación no provoca directamente los incendios, pero sí puede generar territorios más vulnerables a ellos”, sentencia.

Frente a ese paisaje homogéneo, la geografía del fuego defiende el mosaico paisajístico, es decir, “un territorio compuesto por diversos usos y coberturas —cultivos, pastos, bosques, matorrales, núcleos habitados y espacios abiertos— distribuidos de manera heterogénea”, resume Berenguer.

Esa diversidad “introduce discontinuidades en el combustible disponible, lo que reduce la velocidad y la intensidad con la que el fuego puede propagarse. Un bancal cultivado, un pasto o un camino mantenido actúan como un cortafuegos vivo: la actividad rural sostenida no es un anexo del paisaje, es infraestructura de protección civil".

No obstante, "esto no significa que el monte deba quedar 'limpio'. Uno de los mitos que más urge desmontar es precisamente ese: hay diferencias entre eliminar vegetación y gestionar la vegetación. El otro bulo recurrente, que los incendios se provocan para recalificar y urbanizar terrenos quemados, es una explicación fácil, sencilla, rápida y simple para un problema mucho más complejo”.

El investigador recuerda que muchos incendios están relacionados con comportamientos cotidianos "aparentemente menores: una colilla mal apagada, maquinaria que produce chispas, un vehículo aparcado sobre hierba seca, una barbacoa en lugar no autorizado. Es importante que absolutamente todo el mundo respete las restricciones en jornadas de riesgo extremo y conozca las vías de evacuación”.EFE

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