Daniel Innerarity: Tengo más miedo a los humanos tras las máquinas que a las máquinas

Guardar
Google icon

Eva García González

Santander, 14 jul (EFE).- El filósofo Daniel Innerarity (Bilbao, 1959), catedrático de Filosofía Política y Social en la Universidad de Zaragoza, reconoce que tiene más miedo a los humanos detrás de la tecnología que a las propias máquinas y considera que la inteligencia artificial "no es inteligencia".

PUBLICIDAD

El nuevo doctor honoris causa por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sostiene, en una entrevista con EFE, que esta nueva tecnología "no es ni inteligente ni artificial" porque defiende que la inteligencia está en lo emocional, en los contextos y en la ironía.

"Para que una máquina entienda un chiste, que es probablemente una de las máximas expresiones de inteligencia humana, hace falta que le des una información explícita, masiva. Y no es artificial porque la palabra artificial sugiere algo etéreo, inmaterial, donde no hay humanos, y no es nada de eso", asevera.

PUBLICIDAD

Innerarity resalta que detrás de la IA hay mucha gente y mucho trabajo manual inscrito que es poco controlable, y, por eso, la sociedad le tiene miedo, ha considerado.

"Esto (la inteligencia artificial) se distingue de un instrumento clásico como la rueda, un coche o un medicamento en que tiene una vida propia y no sigue al pie de la letra las instrucciones, ni siquiera de sus diseños. Esa es la justificación de que se le llame inteligente", ha añadido.

A su juicio, falta un equilibrio entre control y autonomía y da vértigo que la propia tecnología esté evolucionando.

"Las películas nos han hecho pensar en un Frankenstein, en un replicante que viene contra nosotros, y lo que hay detrás de eso son humanos con pretensiones muy inquietantes: de negocio, de manipulación, nada democráticas. A mí me preocupan los humanos, qué hacen ciertos humanos con las máquinas", insiste.

Innerarity asegura que la IA pone en riesgo la conversación pública de calidad y la toma de decisiones que se dan en democracia, como reflejó en un informe que le encargó la Unesco.

Y ha añadido que la IA lo hace a través de las redes sociales e internet, porque han ayudado a la propagación de bulos que, ha opinado, desorientan y despistan.

Sobre la toma de decisiones, ha subrayado que la complejidad que hay ahora para decidir con poca información va a llevar a tener que usar "los sistemas algorítmicos de decisión". "Ha venido para quedarse", ha advertido.

Por ello, aboga por un nuevo contrato social entre humanos y máquinas, para poder establecer una "delimitación de terrenos".

En esa labor, las instituciones pueden hacer mucho, pero también pueden hacerlo mal, considera el filósofo, quien defiende una discusión abierta de la sociedad en ese sentido.

"Estamos votando sobre el tipo de regulación y el tipo de uso que queremos hacer de todo ello (la inteligencia artificial) cuando dejamos que nuestros hijos a una edad muy temprana utilicen una red social. Eso se puede regular y se va a regular, pero, y en casa, ¿qué hacemos?", se pregunta.

Reconoce que hay muchos tipos de intervención y que la responsabilidad no recae solo en los gobiernos, sino en una sociedad que exija una regulación o una moderación de los contenidos a los que se puede acceder.

"Que nos limiten una libertad porque lo entendemos como razonable es resultado de un debate abierto. Algo así habrá que hacer con el mundo digital", apostilla. EFE

egg/mg/lml

(Foto)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD