Un estudio identifica biomarcadores de vulnerabilidad en menores maltratados

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Barcelona, 14 jul (EFE).- Un estudio liderado por la Universidad de Barcelona ha identificado una combinación de biomarcadores que podría ayudar a detectar perfiles de mayor vulnerabilidad biológica y clínica en niños y adolescentes expuestos a maltrato infantil.

La investigación, publicada este martes en la revista Journal of Affective Disorders, analiza cómo el estrés crónico asociado al maltrato puede generar un "desgaste acumulado" en distintos sistemas del organismo.

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Este desgaste se conoce como carga alostática y describe el impacto que tiene sobre el cuerpo vivir durante demasiado tiempo en estado de alerta.

En los menores que sufren maltrato, esta activación prolongada puede afectar al sistema neuroendocrino, inmunitario, metabólico y corporal, además de relacionarse con una mayor presencia de trastornos psiquiátricos cuando se acumulan varios tipos de violencia.

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El estudio ha sido liderado por Lourdes Fañanás, catedrática de la Facultad de Biología e investigadora del Instituto de Biomedicina de la UB y del CIBERSAM, con la participación de las investigadoras Laia Marques-Feixa, Nerea San Martín y Soledad Romero.

Las investigadoras analizaron las experiencias de maltrato de 187 niños y adolescentes de entre 7 y 17 años, con y sin diagnóstico psiquiátrico.

Asimismo, el trabajo incluyó la evaluación de negligencia emocional, negligencia física, abuso emocional, abuso físico y abuso sexual.

"Todas estas experiencias se analizaron de forma acumulativa, mediante la creación de un índice, ya que está demostrado que muchas no aparecen de forma aislada en la biografía del niño, sino combinadas", ha explicado Marques-Feixa, primera autora del artículo.

Estrés crónico y cuerpo en alerta

Las autoras subrayan que el maltrato infantil es una forma "especialmente relevante de estrés crónico" porque ocurre en etapas en las que el cerebro todavía se está desarrollando y madurando.

"Estas experiencias suelen producirse dentro del entorno de referencia y apego del niño", han detallado Marques-Feixa y Fañanás.

Según las investigadoras, esta situación puede colocar al menor en una posición especialmente ambivalente, porque necesita protección, cuidado y vínculo de las mismas figuras que pueden estar generando daño emocional, físico o relacional.

El equipo diseñó un índice global con diez biomarcadores de distintos sistemas del organismo para medir la carga alostática.

Los menores que habían sufrido maltrato presentaban más biomarcadores por encima del umbral de riesgo descrito en la población general.

Tres señales biológicas

La investigación identificó una combinación especialmente informativa de tres biomarcadores: niveles altos de cortisol diurno, elevada proteína C reactiva en sangre y un mayor índice cintura-altura.

"Esta combinación podría ayudar a identificar perfiles de mayor vulnerabilidad biológica y clínica en niños y adolescentes expuestos al maltrato", han señalado las autoras.

Los resultados aportan "una nueva vía para entender cómo el estrés temprano puede incorporarse biológicamente al organismo" y relacionarse con cambios cerebrales y problemas de salud mental.

Las investigadoras recuerdan que la primera medida ante el maltrato infantil es garantizar la seguridad del menor y detener la situación de violencia o negligencia, junto con detección temprana, acompañamiento familiar y social y tratamiento psicológico especializado en trauma. EFE

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