De evacuados a la piscina: ingleses del campin de Los Gallardos recuperan la rutina

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Miguel Martín Alonso

Almería, 13 jul (EFE).- La tragedia del incendio forestal que asola Los Gallardos (Almería), estabilizado pero aún activo tras dejar trece muertos, contrasta con la estampa de absoluta normalidad que se respira en el campin del municipio, donde centenares de residentes británicos han retomado su rutina veraniega entre baños en la piscina y compras.

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Ajenos casi por completo a las llamas que continúan vivas a escasos kilómetros de sus caravanas y casas prefabricadas, los campistas disfrutan de una tierra mucho más soleada que la suya.

Visitan la tienda de las instalaciones para adquirir suministros, se refrescan en el agua y acuden al restaurante a tomar algo, dibujando una escena de calma y rutina que borra el recuerdo del abrupto desalojo preventivo que sufrieron durante la noche hace apenas unas jornadas.

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En este recinto turístico residen de forma habitual entre trescientas y cuatrocientas personas. En su gran mayoría, se trata de ciudadanos ingleses de edad avanzada que buscan la tranquilidad y el buen clima del levante almeriense. Esa misma paz fue la que saltó por los aires cuando el avance del fuego obligó a las autoridades a movilizar un operativo de desalojo urgente.

Una trabajadora del campin que se encontraba librando durante la noche de la emergencia, relata cómo se fraguó aquella tensión. "La evacuación fue de noche. Pues bueno, con un poco de miedo porque es verdad que estaba cerca", rememora.

Según su testimonio, el riesgo principal no era que el fuego devorara directamente las instalaciones, sino el impacto de las consecuencias en un perfil demográfico que es altamente vulnerable.

"Aquí lo que viven son británicos en sus caravanas y las casas prefabricadas (...). Son personas mayores, de edad avanzada y que luego hay veces que no pueden tampoco correr", explica la empleada.

Ante la amenaza que suponía esa falta de movilidad, la Guardia Civil y la dirección del centro turístico tomaron una decisión tajante. "Por prevención, pues vieron que lo mejor era evacuarlos y estar tranquilos y que ellos estuvieran bien, porque aparte pues tenían miedo", añade.

La evacuación no estuvo motivada por el acecho directo de las llamas en el interior del recinto, sino por la amenaza tóxica que sobrevolaba el cielo. "Fue por una remota (posibilidad de) que pudiera entrar el fuego al campin, que estuvieran protegidos (...). Fue más bien por el tema de los humos", precisa la trabajadora, quien destaca el papel fundamental y la implicación de los propietarios de las instalaciones durante la crisis: "Los dueños han estado aquí al pie del cañón con su gente, con la Guardia Civil".

El destino temporal de esta gran comunidad de mayores fue el pabellón deportivo del vecino municipio costero de Garrucha (Almería), donde pasaron las horas más críticas de la emergencia resguardados. Sin embargo, su exilio forzoso fue corto.

La misma tarde del sábado comenzaron a regresar de forma escalonada a sus parcelas, y para el domingo "ya estaban todos, cada uno en su casa", recuperando de inmediato el pulso de su vida habitual.

El contraste de esta rápida desescalada también se vivió en las inmediaciones del propio recinto turístico. Esta trabajadora reside justo enfrente, en la zona residencial conocida como La Perulaca, una finca familiar que optó por no sumarse al éxodo general.

"A nosotros no nos aconsejaron que nos fuéramos de las casas, porque sabían que no iba a llegar. (...) Decidimos que no nos íbamos a ir porque no había peligro y nos quedamos. Nosotros estuvimos bien", explica. Su sensación de seguridad radicaba en la propia orografía del terreno agrícola que los rodeaba: "Hay una finca que está labrada y demás, y hace como un pequeño cortafuego".

Hoy, el miedo a la incertidumbre y las prisas del desalojo nocturno han sido completamente sustituidos por el sonido del agua en la piscina y las distendidas conversaciones en el restaurante del campin. EFE

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