Las casas que sobrevivieron al incendio de Los Gallardos, en pie entre un mar de ceniza

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María Alonso

Bédar (Almería), 12 jul (EFE).- Desde el mirador de Bédar (Almería) hace apenas unos días se extendían pinos, agaves y laderas cubiertas de vegetación. Ahora, tras el incendio de Los Gallardos, que ha costado la vida a 12 personas y ha quemado 7.000 hectáreas, solo queda una inmensa mancha negra salpicada por decenas de casas blancas que siguen en pie.

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Rodeadas por un paisaje completamente calcinado, esas viviendas permiten imaginar el trabajo de los bomberos durante los días que han combatido el incendio, declarado el pasado jueves y que obligó a desalojar a unas 1.600 personas.

Desde lo alto del pueblo, los árboles reducidos a esqueletos negros se extienden hasta donde alcanza la vista. El casco urbano de Bédar, sin embargo, logró quedar al margen del fuego, que sí alcanzó a numerosos cortijos dispersos por las montañas.

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Basta con descender unos kilómetros para comprobar que el incendio todavía no ha terminado de apagarse.

Junto a la carretera que comunica Bédar con Los Gallardos, en algunos puntos sigue saliendo humo del suelo, cubierto por una gruesa capa de ceniza que el viento levanta a cada paso.

El olor a quemado impregna el aire, el calor del suelo parece querer derretir la suela de las zapatillas y, entre los restos carbonizados, aparece un pájaro muerto sobre la tierra, rodeado de ramas reducidas a carbón.

A unos 20 kilómetros de esa zona se encuentra el punto donde, según las primeras hipótesis, pudo originarse el incendio tras la caída de un cable eléctrico. Allí, sobre una pequeña colina, cuatro coches permanecen completamente calcinados junto a un cortijo.

Apenas conservan la forma. Los cristales han desaparecido y la chapa, retorcida por el calor, ha quedado reducida a un amasijo oscuro de hierro.

De vuelta al casco urbano de Bédar (Almería), los coches regresan con las pocas pertenencias que sus dueños alcanzaron a sacar durante la evacuación.

Las puertas de las casas vuelven a abrirse por primera vez desde el jueves. En su interior, algunos vecinos enseñan a EFE la ceniza que se ha colado por puertas y ventanas.

Otros, mientras, se acercan al mirador. Allí, el leve bullicio de los vecinos contrasta con los kilómetros de monte negro que recuerdan la violencia del fuego, que ha dejado una huella que el tiempo tardará mucho en borrar. EFE

(foto) (vídeo)

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