Argüello alerta que un Estado que olvida la ética se convierte en "una banda de ladrones"

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Arguello Madrid, 9 jul (EFE).- El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha hecho este jueves un llamamiento a la regeneración democrática y advertido de que “cuando un Estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones, y a las pruebas me remito”.

Argüello se ha expresado así en su intervención en el curso “El colapso de la democracia, la oportunidad para una geopolítica al servicio del ser humano” organizado por la Fundación Pablo VI y que a lo largo de tres días ha abordado asuntos como la crisis del multilateralismo, la polarización social y cómo impulsar una renovación cultural, moral y espiritual de la democracia.

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Pero también ha advertido de que la falta de ética no afecta sólo a los líderes políticos, sino a todo el que hace “trampas” a la hora de hacer la declaración de la renta o de pagar “en negro”.

“Porque las referencias éticas son para todos y, si no hay un pueblo, un ‘demos’ con referencia ética, ¿cómo vas a exigírselo a quien sea tu representante?”, ha señalado.

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Por eso ha subrayado que es responsabilidad de todos que se respeten las reglas de juego, que “se asegure la división de poderes, que se cumpla la Constitución y las leyes, que se presenten los presupuestos cada año, que se cuide el principio de subsidiariedad” y el “bien común”.

Para Argüello, la consecuencia más evidente del individualismo y el personalismo impulsado por las autoridades ha resultado en la disolución del concepto de familia, de pueblo y comunidad, lo que ha llevado a una “deconstrucción” de la democracia liberal, que ha devenido en la desaparición del “bien común” y el sentido de responsabilidad personal.

Así, ha apostado por que la sociedad se comprometa también con la democracia y que no permita que el Estado se convierta en una “Cáritas laica que da limosnas”, subvenciones o pagas, o que la fórmula de lograr el diálogo social sea “dar dinero a sindicatos y a empresarios”.

Y ha advertido de que “las democracias liberales se han convertido en democracias asistencialistas porque les interesan ciudadanos pasivos comprados por las subvenciones. Te doy una paguita y te quedas tranquilo”.

En su opinión, este fenómeno tiene lugar en parte por las condiciones económicas y laborales y, por otra, por la falta de confianza en la sociedad, en la autoridad, en el otro, y los que da lugar al individualismo y personalismo que desconectan a las personas y erosiona “desde dentro” la ‘demos’.

Para lograr “la regeneración democrática, lo más importante es la regeneración del concepto de pueblo”, la fraternidad como fuentes de valores.

Así ha cuestionado normas que ensalzan la individualidad como la capacidad de una persona de autodefinir su género, el control personal sobre el comienzo y el fin de la vida, el impulso a las políticas abortistas o la constante creación de derechos específicos para las distintas comunidades.

Así, ha argumentado que basta leer las exposiciones de motivos de las leyes aprobados en España en los últimos 10 años referidas a las cuestiones de sexo y género para ver cómo “hay un proyecto de deconstrucción antropológica de autonomía para decidir yo mi propio género despreciando el cuerpo, como expresión máxima orgullosa”.

“¡Qué bien lo del orgullo! Porque ese es el pecado de Satán, el orgullo para decir yo puedo ser lo que quiera y el cuerpo no es más que un instrumento. El territorio que el capitalismo me deja para poder experimentar que soy libre. Madre mía”, ha exclamado. EFE

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