Marcos Díaz
Zaragoza, 1 jul (EFE).- El conocimiento generado por la humanidad a lo largo de los siglos atesora ecuaciones que permiten describir las realidades físicas, un acerbo que un proyecto español, de la Universidad de Zaragoza, llamado Physia, busca utilizar para enseñar a la IA a desentrañar el mundo frente a los grandes modelos de la industria que utilizan la fuerza bruta: "Tenemos que competir con ideas brillantes".
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Así lo explica en una entrevista con EFE el investigador del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A) Elías Cueto, que ha obtenido recientemente para desarrollar este proyecto en un plazo de cinco años la prestigiosa financiación europea ERC Advanced Grant, dotada con 2,5 millones de euros.
Physia ('Physics-Informed Spatial Artificial Intelligence') se enmarca en la Cátedra de la Estrategia Nacional en Inteligencia Artificial del I3A y, como relata el investigador, surge en el laboratorio zaragozano, que “ya es reconocido a nivel internacional precisamente por saber aplicar las leyes de la física en el contexto de la IA”.
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Concretamente, se trata de una iniciativa pionera que busca sentar las bases de una nueva generación de inteligencia artificial que incorpore las leyes de la física en sus modelos de aprendizaje.
Porque, como explica Cueto, carece de sentido entrenar a una IA “a base de fuerza bruta, como si acabara de nacer”, algo que consiste en un entrenamiento a partir de ingentes cantidades de información.
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“El ser humano tiene un conocimiento muy completo de cómo funciona el mundo; de hecho, conocemos todas las ecuaciones que describen la física”, relata el investigador.
Por ello, insiste, despreciar ese conocimiento no tiene sentido ni en el plano práctico, ni en el ecológico, por el gasto de recursos que supone. “Nuestra aproximación al problema es, precisamente, incorporar ese conocimiento, enseñar a la inteligencia artificial, más que dejarla que aprenda”, resume.
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Con esa intención, su equipo introducirá “sesgos”, una palabra que, matiza, normalmente tiene una connotación negativa, pero que en este caso busca ayudar a dirigir las respuestas de la IA hacia las leyes de la física.
Aunque la idea parece simple, el proyecto deberá afrontar retos, empezando por la propia complejidad que arroja el mundo. Y, para ello, los investigadores comenzarán enseñando a la IA “casos sencillos de fenómenos muy aislados”, para, poco a poco, aumentar la complejidad.
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El objetivo es desarrollar una herramienta de interés para el campo de la ingeniería, que permita hacer predicciones precisas para, por ejemplo, la confección y el análisis de piezas e, incluso, que sea capaz de realizar sus propios diseños.
El investigador, aunque matiza que esta IA no podrá ser tan precisa como las simulaciones ya en uso, que “son muy exactas” pero también costosas, dice que sí que competirá en tiempo y coste para obtener resultados.
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Porque, como ilustra, las actuales simulaciones pueden demorarse de uno a dos días o incluso más para lograr datos, mientras que el modelo que desarrolla el I3A puede conseguirlos “en el orden de fracciones de segundo”. “Una inteligencia artificial como esta permite una agilidad nunca vista”, destaca.
Y, más allá de esa capacidad predictiva, el investigador avanza que, en el momento en que esta IA entienda razonablemente el mundo, estará en condiciones de proponer "mundos artificiales que no existen de verdad, pero que se comportan como el nuestro”.
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Algo que la convertirá en “una herramienta fundamental para el diseño de nuevos productos” y, también, para testar estas creaciones virtuales en un “metaverso industrial” que ayudará a los ingenieros para el diseño y el análisis del mundo, en general.
“La idea es que el ingeniero pueda tener a su lado una mente artificial que le ayude, que lo complemente, no que lo sustituya, y que lleve sus capacidades más allá de lo humano”, desvela el experto.
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Este proyecto se sumerge en el competitivo mundo de la IA, en el que los grandes modelos de lenguaje “están siendo desarrollados fundamentalmente por la gran industria”, observa.
“Los grandes inversores se están fijando como objetivo la industria de la inteligencia artificial y contra eso es dificilísimo competir desde una universidad pública española", lamenta, pues se trata "de otra escala de presupuestos" y plantillas.
Ante este contexto, su equipo debe luchar “a base de ideas innovadoras” y de buscar soluciones alternativas, como es el caso de Physia, contra quienes tienen grandes cantidades de recursos y de personal. “No podemos competir en ese terreno. Tenemos que competir con ideas brillantes, con formulaciones alternativas”, concluye. EFE
(foto) (vídeo)
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