Granada, 25 jun (EFE).- Un estudio del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Granada ha revelado que la exposición a la violencia contra la mujer a lo largo de la vida tiene efectos duraderos que se extienden hasta la madurez, presentan síntomas menopáusicos más graves y pueden alcanzan la menopausia hasta 20 meses antes que las mujeres que no tienen estos antecedentes.
La investigación, publicada en Maturitas, revista especializada en la materia, señala que por cada mujer que muere por violencia, más de 400 sufren discapacidades graves cuyas secuelas se confunden o agravan durante la menopausia, ha informado la Universidad de Granada.
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El análisis de la evidencia científica indica de manera consistente que las mujeres víctimas de cualquier forma de violencia experimentan síntomas menopáusicos más acusados.
Entre ellos, destacan los sofocos y sudores nocturnos más intensos y frecuentes (síntomas vasomotores), así como una mayor prevalencia de ansiedad, depresión, insomnio y trastorno de estrés postraumático en el ámbito de la salud psicológica.
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En la esfera sexual y urogenital se incrementan la sequedad vaginal, el dolor en las relaciones sexuales (dispareunia) y los problemas urinarios, especialmente tras episodios de violencia sexual.
Uno de los hallazgos más destacados del estudio es la vinculación entre la violencia y un adelanto en la edad de la menopausia. En concreto, las mujeres expuestas a traumas pueden alcanzar esta etapa hasta 20 meses antes que las que no tienen esos antecedentes, lo que incrementa el riesgo de insuficiencia ovárica prematura.
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Ademas, en el ámbito cardiometabólico aumenta el riesgo de hipertensión, diabetes y síndrome metabólico, mediado por el estrés crónico y procesos inflamatorios.
En cuanto a la salud ósea, se eleva el riesgo de osteoporosis y fracturas, así como la falta de memoria y las dificultades de atención en la salud cognitiva.
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La investigación señala que los mecanismos detrás de estos efectos incluyen la desregulación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal y cambios epigenéticos provocados por el estrés traumático.
Los autores concluyen, por tanto, que la violencia contra la mujer es "un problema crítico de salud pública cuyos efectos perduran décadas después de la agresión", por lo que urgen a implantar un modelo de atención informada en el trauma en las consultas de madurez y menopausia. EFE
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