Carlos Expósito
Roma, 22 jun (EFE).- Giovanni Malagò, una de las figuras más influyentes del deporte italiano, asume desde este lunes la presidencia de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) en un momento delicado, con el 'calcio' inmerso en una profunda crisis y el reto de recuperar la credibilidad de un sistema necesitado de reformas.
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Dirigente de larga trayectoria, presidió el Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI) entre 2013 y 2025, organismo encargado de coordinar y supervisar el sistema deportivo del país, incluidas las federaciones nacionales como la propia FIGC.
Licenciado en Economía y empresario vinculado en sus inicios al sector de la automoción, Malagò estuvo unido desde joven al deporte, sobre todo al fútbol sala, disciplina en la que llegó a vestir la camiseta de la selección italiana. Su verdadera proyección llegó desde los despachos, al principio ligado al ámbito del olimpismo.
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"Soy hijo de la FIGC, sólo he buscado un objetivo: hacer grande a Italia. Nuestras raíces no son sólo nostalgia, hay que convertirlas en un estímulo para el futuro. Haré que se sientan orgullosos de avanzar hacia una nueva era del fútbol italiano", afirmó el dirigente durante la Asamblea.
En 2013 fue elegido presidente del CONI, cargo que desempeñó durante doce años y en el que consolidó una amplia red de relaciones institucionales, además de participar en la organización de grandes acontecimientos, entre ellos la candidatura y posterior celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026.
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Su relación con el fútbol viene de lejos; en 2018, en plena crisis de gobernanza tras la eliminación de Italia para el Mundial de Rusia, desempeñó un papel clave desde el CONI en el proceso de comisariado de la FIGC y de la Serie A, participando directamente en la búsqueda de una solución institucional para desbloquear el fútbol italiano.
Esa experiencia, unida a su capacidad para tejer consensos entre las distintas familias del deporte italiano, fue uno de los factores que impulsaron su candidatura.
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Tras la nueva catástrofe deportiva de este año, la mayoría de los clubes de la Serie A cerró filas en torno a su figura, considerándolo el perfil con más peso institucional para liderar la reconstrucción de la federación.
Quienes respaldan su llegada destacan su experiencia de gestión, su conocimiento de los equilibrios políticos del deporte y su prestigio internacional.
Sus detractores, en cambio, señalan que forma parte del mismo entramado dirigente que gobernó el deporte italiano durante años y dudan de que represente una ruptura real con el pasado.
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Malagò, a sus 67 años, afronta ahora el desafío más complejo de su carrera, que no es otro que devolver competitividad a la selección nacional y restaurar la confianza en una federación golpeada por tres ausencias consecutivas en el Mundial y en una crisis de base en el fútbol federativo.
En su programa, Malagò plantea una modernización integral de la federación mediante una gestión financiera sostenible para todas las categorías del fútbol profesional.
Entre sus prioridades destaca la optimización de los ingresos por derechos audiovisuales, el combate a la piratería y la reducción de las cargas burocráticas para potenciar el valor del fútbol base en los distintos territorios.
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También propone que la recuperación de la competitividad internacional de la selección absoluta no se logra con medidas a corto plazo, sino impulsando la formación de entrenadores y el desarrollo del talento joven desde la cantera. EFE
(foto)
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