Los niños de Funes devuelven al Málaga a lo más alto

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Alberto Fuentes

Almería, 20 jun (EFE).- El Málaga cerró con un ascenso a Primera de taquicardia en Almería (1-2) una temporada inolvidable, en plena edad dorada del malaguismo y con el nacimiento de un sentimiento pertenencia jamás visto, que no ha parado de crecer desde que descendió a la tercera categoría del fútbol español.

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Los goles de Carlos Ruiz Rubio 'Chupe' y David Larrubia, uno cordobés y el otro malagueño, ambos forjados en la cantera malaguista, devolvieron a la gloria al Málaga tras ocho años fuera la máxima élite del fútbol, LaLiga EA Sports.

Algo ya había empezado a cambiar en 2024, cuando se alcanzaron los 20.000 abonados tras años sin lograrlo. Pero todo explotó el 22 de junio de aquel año, cuando marcó Antoñito Cordero en el minuto 122 de la prórroga para delirio malaguista en el Nou Estadi de Tarragona.

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Tras haber descendido al barro de la Primera Federación, de la que equipos históricos como el Deportivo de la Coruña tardaron años en salir, el Málaga pudo lograr el ascenso a Segunda al primer intento.

Para entonces, la semilla del malaguismo más fiel, multitudinario y arraigado ya se había sembrado.

Ha ido germinando de forma imparable: con el citado ascenso, con la salvación en la pasada campaña, la del asentamiento en LaLiga Hypermotion, y este año ha reventado con una remontada hasta la gloria alcanzada en Almería este 20 de junio de 2026.

Entre 2023 y 2026, sucedió una montaña rusa en cuatro temporadas: descenso a Primera RFEF, ascenso a Segunda, permanencia y este ascenso a Primera.

El punto de inflexión

El equipo malagueño cambió de entrenador tras perder en la jornada 14 en León y quedarse al borde del descenso. Sergio Pellicer, artífice del milagro de Tarragona y tercer entrenador con más partidos en la historia del club, fue destituido.

La elección del director deportivo, Loren Juarros, generó muchas dudas por su riesgo, ya que confió en el técnico del filial, Juanfran Funes, al que le brindó su primera experiencia en el fútbol profesional. En ese momento, marchaba colista con el Atletico Malagueño en Segunda RFEF.

Funes, profesor en excedencia que ya había pedido regresar a su plaza de funcionario antes de que fuera el entrenador elegido, cambió la dinámica a la velocidad de la luz. A sus jugadores los bautizó como “los niños” o “los bichos”.

Desde su nombramiento, el Málaga ha sido el mejor equipo de la Segunda División con 58 puntos en 28 partidos, con sólo cuatro derrotas, y una máquina de hacer goles, un total de 58, el más goleador de la categoría desde su llegada.

De ahí que se haya instaurado el concepto de ‘Funesbuque’, casi ya una religión, una metáfora del barco al que se subió todo aficionado blanquiazul.

Con una base de catorce canteranos, muchos de ellos nacidos en la provincia, el proyecto basado en el sentimiento de pertenencia ha logrado el premio más deseado, el regreso a una Primera División que el Málaga no pisa desde la campaña 2017/18.

Su idiosincrasia, que apuesta por el talento de dentro antes que el de fuera; el juego valiente y vistoso que ha desplegado; y las grandezas de una afición que pulverizó récords de abonados y asistencia al estadio han sido fundamentales.

Este cóctel de fidelidad ha traspasado fronteras e incluso se ha convertido en una suerte de equipo del pueblo, causando simpatía y admiración de seguidores de otros equipos como Castellón o Zaragoza.

Es este el Málaga más admirado y querido que se recuerda, por consenso de miles de aficionados, un sentir más potente que en la etapa de Champions. Es este Málaga que ha enamorado a propios y extraños el que vuelve a LaLiga EA Sports, por soñar más fuerte que ningún otro. EFE

afl/arh

(foto)

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