Luis Miguel Pascual
París, 5 jun (EFE).- La crónica del Roland Garros de 2026 parece más digna de la sección de sucesos que de deportes. El torneo pondrá punto final con un duelo entre el alemán Alexander Zverev y el italiano Flavio Cobolli al término de una serie de acontecimientos imprevisibles.
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El primero, la baja del español Carlos Alcaraz, ganador de las dos pasadas ediciones, el último, la retirada del italiano Matteo Arnaldi a media hora de disputar su semifinal contra Cobolli.
En medio, le torneo perdió en segunda ronda al máximo favorito, el italiano Jannik Sinner, y al serbio Novak Djokovic, que sigue a sus 39 años en busca de su 25 Grand Slam, con la consiguiente pérdida de brillo y atractivo para el público que ello conlleva.
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Las desgracias también se contagiaron al cuadro femenino con las eliminaciones de la número 1, la bielorrusa Aryna Sabalenka, de la defensora del título, la estadounidense Coco Gauff, y de la cuatro veces ganadora, la polaca Iga Swiatek, lo que desembocó en una final entre dos tenistas que buscan sumar su nombre a la nómina de las campeonas, la rusa Mirra Andreeva y la polaca Maja Chwalinska, la primera superviviente de la fase previa que alcanza la final.
Solo Zverev mantuvo alto el estandarte de su condición de tercer jugador del mundo y ahora tiene ante sí la ocasión dorada de romper el maleficio con los 'grandes'. Disputará su carta final en busca de su primer trofeo ante un tenista que nunca antes había superado los cuartos.
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El alemán logró el pase a su segunda final en París tras dejarse el segundo set en lo que va de torneo, ante el checo Jakub Mensik, de 20 años, un tenista que ha sorprendido por su consistencia pero que cometió demasiados errores y se inclinó 7-5, 6-2, 3-6, 6-3.
No ha dado síntomas el germano de que la presión esté afectando su juego y a falta de rivales de alto ránking, está superando los partidos con relativa frescura.
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"Podría jugar ahora mismo", dijo al término de su duelo de tres horas, convencido de el hecho de que su rival de la final haya tenido más reposo no afectará al duelo.
Zverev, que atesora siete Masters 1.000, tiene ahora la oportunidad, a los 20 años, de sacarse la espina con los grandes. Considerado una de las promesas más importantes de su generación, el alemán nunca logró destronar a la generación de Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokovic, y cuando esta declinaba se vio superado por la que encabezan Sinner y Alcaraz.
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Ninguno de ellos aparece en el horizonte y solo su propia mente puede jugarle una mala pasada. Le sucedió en su primera final de un Grand Slam, en el Abierto de Estados Unidos de 2020, cuando era favorito ante el austriaco Dominic Thiem y se le encogió el brazo.
Cuatro años más tarde tuvo contra las cuerdas a Alcaraz en la pista central de París, en la que dominaba dos sets a uno, pero tampoco remató la faena. El año pasado jugó su última final en el Abierto de Australia y apenas pudo rivalizar contra Sinner.
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El domingo tendrá frente a si a uno de sus mejores amigos del circuito, que además llega con el descanso de no haber tenido que jugar semifinales.
El de Florencia, que se garantiza ya entrar por vez primera en su carrera en el top-10, también ha perdido dos sets camino de su primera final y ha dejado en la pista uno de los tenis de mayor calidad.
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Es el último obstáculo que le resta a Zverev para quitarse la maldición de los 'grandes'. El italiano podrá tomarse la revancha de la tercera ronda de Roland Garros del año pasado cuando el germano le ganó en tres sets.
Este año se han medido en dos ocasiones, ambas sobre arcilla. Cobolli venció en semifinales de Múnich y Zverev en los cuartos de Madrid. París albergará su quinto duelo, con el premio más prestigioso. EFE
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