Almudena Álvarez
Palencia, 5 jun (EFE).- Miles de personas compraron hace meses su abono para el Palencia Sonora sin conocer un solo nombre de la programación. En una industria donde los festivales compiten a golpe de grandes estrellas, la cita palentina ha logrado que el público compre primero y pregunte después: un éxito construido durante más de dos décadas, a base de personalidad, confianza y arraigo al territorio.
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Con más de 20.000 espectadores previstos, todos los abonos y entradas agotados desde hace meses y un cartel de 42 artistas encabezado por grupos como Carolina Durante, Siloé, Ojete Calor, Xoel López o Sanguijuelas del Guadiana, el Palencia Sonora celebrará del 11 al 14 de junio su vigésimo tercera edición convertido en uno de los fenómenos culturales más singulares del interior de España.
Detrás de ese éxito, sus organizadores, Juan Cruz Pascual y David García, identifican en una entrevista a EFE las claves que explican cómo un proyecto nacido desde una sala de conciertos local ha terminado convirtiéndose en una marca cultural reconocida.
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Aseguran que quien adquiere un abono meses antes no compra únicamente conciertos, compra una experiencia que combina música, ciudad, ambiente y convivencia, compra una forma de vivir la ciudad durante cuatro días.
En definitiva, consiguen que el público se siente parte de un proyecto que suma a la música en el Sotillo, los conciertos gratuitos en las calles, el ambiente urbano y la sensación de pertenecer a una comunidad que regresa cada año. "Creemos que el público se siente nuestro principal cabeza de cartel", resumen.
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La imposibilidad de competir económicamente con los grandes festivales ha obligado a desarrollar otra habilidad, la de descubrir artistas emergentes antes de que alcancen la primera línea y se conviertan en fenómenos masivos.
Por eso es habitual escuchar entre los asistentes frases como "yo vi a ese grupo en Palencia Sonora cuando estaba empezando". Escuchar esa frase es una de las mayores satisfacciones de los organizadores. Y esa capacidad para anticiparse a las tendencias ha terminado convirtiéndose en una de las señas de identidad del festival.
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Durante unos días, una provincia marcada por la despoblación atrae a miles de visitantes de toda España y el festival se ha convertido en un escaparate que cambia la percepción de quienes visitan Palencia por primera vez.
"Muchos llegan sin conocer Palencia y se marchan con una imagen muy distinta de la que tenían", aseguran Juan y David. Y casi siempre prometen regresar para descubrir con más calma la ciudad y la provincia.
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Además, en un momento en que muchos festivales persiguen cifras cada vez mayores, Palencia Sonora ha establecido sus propios límites, porque dejaría de llamarse así si el crecimiento perjudicara la experiencia del público. EFE
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