Málaga, 5 jun (EFE).- Un estudio liderado por el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima) ha revelado que el periodo posterior al alta tras un infarto es una fase crítica y dinámica, incluso en personas sin diabetes, y muchos pacientes empeoran su control de glucosa sin saberlo.
Este trabajo, publicado en 'Cardiovascular Diabetology', revela que una proporción significativa de pacientes experimenta un empeoramiento de su control de glucosa a los cuatro meses, también en personas sin diagnóstico previo de diabetes.
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Este hallazgo cuestiona la forma en que se monitoriza a estos pacientes y apunta a la existencia de un riesgo metabólico infradiagnosticado, ha informado este viernes el Ibima en un comunicado.
Hasta ahora, el seguimiento metabólico tras un síndrome coronario agudo se apoyaba en la hemoglobina glicosilada (HbA1c), un indicador que refleja el promedio de glucosa en los últimos meses, pero que no permite detectar las fluctuaciones diarias.
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El proyecto europeo Oracle demuestra que esta visión es incompleta, ya que, mientras la HbA1c puede mantenerse aparentemente estable, la monitorización continua revela un deterioro real del control glucémico y un aumento de la variabilidad de la glucosa, un factor clave en el riesgo cardiovascular.
"La monitorización continua nos permite pasar de una 'foto fija' a un 'vídeo en tiempo real' de la salud metabólica del paciente", han explicado los investigadores.
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El estudio siguió de forma longitudinal a 213 pacientes de alto riesgo desde el alta hospitalaria hasta los cuatro meses.
Los resultados muestran un patrón claro, ya que, tras una leve mejoría inicial en las primeras semanas, entre un 20 y un 40 por ciento de los pacientes empeora su perfil glucémico en el seguimiento a medio plazo.
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Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la identificación de una auténtica "ventana crítica" de riesgo metabólico, entre las 10:00 y las 12:00 de la mañana.
En esta franja horaria, los pacientes presentan una mayor tendencia a la hiperglucemia, independientemente de si tienen diabetes o del día de la semana, lo que apunta a un patrón biológico consistente.
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Este fenómeno sugiere que factores como los ritmos circadianos y el estrés tras el infarto influyen de forma decisiva en el metabolismo.
La monitorización continua permite detectar estas alteraciones en tiempo real, abriendo la puerta a intervenciones más precisas y personalizadas en los momentos de mayor vulnerabilidad.
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La investigación identifica además factores como la hipertensión y la EPOC como predictores independientes del empeoramiento metabólico, lo que permite perfilar mejor a los pacientes con mayor riesgo.
"Anticiparnos a qué pacientes van a empeorar nos da una oportunidad clave: intervenir antes, ajustar tratamientos y optimizar los estilos de vida de forma mucho más eficaz", han destacado los investigadores.
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En este contexto, la monitorización continua de glucosa emerge como una herramienta con potencial para transformar el seguimiento clínico tras un infarto.
Más allá de los indicadores tradicionales, permite caracterizar con precisión el riesgo metabólico individual y avanzar hacia un modelo de medicina personalizada, capaz de actuar de forma temprana para prevenir nuevas complicaciones cardiovasculares. EFE
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