El descaro de Jódar pone a prueba la tensión de Zverev

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Luis Miguel Pascual

París, 1 jun (EFE).- Cuando el alemán Alexander Zverev levanta la cabeza en el cuadro de Roland Garros siente vértigo. El alemán de 29 años nunca había afrontado la recta final de un Grand Slam en la posición de máximo favorito y esa perspectiva, él mismo lo reconoce, le genera una presión desconocida.

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El duelo ante el joven español Rafael Jódar, el tenista que más victorias ha logrado este año sobre tierra batida, jugador que a sus 19 años está demostrando una fe inquebrantable en sus opciones, aparece como un examen esencial a su capacidad para gestionar las expectativas.

"Para él cada partido es ya una final", analiza el extenista Mats Wilander, que se une al coro de voces que repiten a los oídos del alemán: "Es ahora o nunca".

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El número 3 del mundo, que todavía no ha ganado ningún Grand Slam, es el único de los supervivientes del torneo que ha jugado finales, el único que tiene en sus vitrinas Masters 1.000.

Por eso el principal obstáculo que se presenta frente al germano es su propia capacidad a controlar las emociones ante la perspectiva de pasar a una nueva dimensión y quitarse el estigma de ser el mejor de los que nunca han levantado un 'grande'.

Zverev es el símbolo de una generación atenazada entre el dominio del 'Big 3' (Federer, Nadal, Djokovic) y la emergencia del dúo formado por Jannik Sinner y Carlos Alcaraz.

Por un conjunto de circunstancias ninguno de ellos se encuentra en la segunda semana de Roland Garros y el alemán está ahora frente a una nueva amenaza, la que representan los Jódar y Fonseca que pueden acabar por enterrar sus esperanzas.

Ese miedo a las alturas no lo tiene el joven español que avanza tranquilo por el circuito, observando con su mirada escrutadora cada detalle que le permite ir forjando su carrera entre los mejores.

En París su vida ha dado un salto suplementario. Hace un año buceaba por debajo del 700 del mundo, jugando 'challengers' en Estados Unidos y ahora se codea entre los mejores, llamando a las puertas de una semifinal de un Grand Slam que Nadal tardó seis 'grandes' en alcanzar, Alcaraz ocho, Djokovic doce y Federer y Sinner 17.

Roland Garros ha acelerado la trayectoria. Es su segundo grande y aunque él no para de repetir que está "aprendiendo", ya ha mostrado su capacidad para manejarse bien en las situaciones complejas que acarrea un duelo a cinco sets.

Contra el australiano James Duckworth vivió su primer partido a cinco sets sobre tierra batida y ante Pablo Carreño firmó la primera remontada tras haber perdido las dos primeras mangas.

Le queda la reválida de afrontar a los grandes. Ya ha ganado a un top-10, el australiano Alex de Minaur, en el Masters 1.000 de Madrid, pero demostró que le falta aprendizaje cuando en los cuartos de final de aquel torneo cayó con contundencia ante Sinner.

El italiano fue todavía más duro contra Zverev en la final de aquel torneo, lo que prueba que el español está ya en el margen de calidad donde las victoria y la derrota se dirimen por detalles.

Aunque él afirma que el en aspecto físico está en buenas condiciones, ha pasado muchos minutos en la pista -casi 13 horas, frente a las algo más de diez de Zverev- contra Carreño dio algunos síntomas de fatiga. EFE

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