30 años desde la Conferencia de la Mujer de Pekín: siguen brechas con riesgo de retroceso

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Santander, 21 may (EFE).- La última Conferencia Mundial de la Mujer se celebró hace más de treinta años, en 1995, y desde entonces no ha habido más porque, tras la "batalla muy difícil" que se libró entonces, si se impulsara una nueva convocatoria habría "serio riesgo de retroceso", mientras siguen las brechas de género y los logros se cuestionan.

Lo ve así la socióloga y exdirectora del Instituto de las Mujeres, Marina Subirats, que ha participado en una mesa de diálogo en la Universidad de Cantabria sobre esa Conferencia de Pekín de 1995.

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En aquella Conferencia de la Mujer de hace 30 años el papel que jugó España fue crucial, porque entonces ostentaba la Presidencia de la UE y por eso en ese foro habló en representación de la Europa de los quince.

Subirats, que lideró la delegación española, ha reflexionado sobre igualdad, educación y feminismo junto a la investigadora de la Universidad de Deusto, Lorea Romero.

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"Hemos avanzado muchísimo, aunque a veces se puede dudar porque queda mucho por hacer", destaca Subirats, que insiste en que todavía no se ha conseguido la igualdad y en que "hay momentos en que parece que se puede retroceder".

Ahora, añade, "hay tendencias políticas en el mundo que desafían los avances ya logrados".

Pone como ejemplo los movimientos en Estados Unidos para impedir el voto de las mujeres, que suele ser más progresista, señala. "Y para el presidente actual puede ser un voto más negativo", considera.

"El reto es mantener todo lo que hemos conseguido. No retroceder en absoluto. Quizás ésta sea una etapa en la que no podamos avanzar decididamente, pero hay que consolidar y mantener lo conseguido, y preparar los proyectos para el momento en que un cambio de coyuntura política pueda ser favorable", subraya.

Defiende que, más que feminismo, hay feminismos, en plural.

"No tiene sentido que nos pongamos a excluirnos las unas a las otras o a acusarnos. Si no hubiera sido por el camino abierto por las europeas y las norteamericanas, sería mucho más difícil para las africanas avanzar, ¿verdad?... aunque su camino no es exactamente el mismo", ha manifestado.

Lorea Romero, investigadora posdoctoral, remarca que las brechas de desigualdad de género siguen existiendo en todos los ámbitos "e incluso en los países a priori más avanzados".

"La violencia machista sigue siendo el día a día de muchísimas mujeres en todo el mundo y eso no ha cambiado", remacha.

Por eso avisa: "Ante el mensaje de que hemos ido demasiado lejos hay que mostrar los datos. No hemos ido demasiado lejos".

"Estamos en un momento en el que parece que tiene que imperar la ley del más fuerte, y esto siempre ha sido contrario a las mujeres", aduce Subirats.

Las dos piden un análisis con rigor y pausado del papel de la juventud.

Creen que hay jóvenes que se "están dejando seducir por ideología de extrema derecha", aunque sigue habiendo feminismo y actitudes "más progresistas" en este colectivo.

Y en todo, influye, para Romero, "la crisis del capitalismo, la precariedad laboral y la vivienda". "Hay un dolor que está viviendo la juventud con esto" y hay que canalizarlo. La solución, asegura, es "más solidaridad".

Subirats, por su parte, lamenta que "se sigue educando a los chicos con un modelo del pasado, como guerreros y eso tiene consecuencias nefastas, primero para ellos", destaca.

 Señala que, con esta forma de educar, se insta a los hombres a ir "siempre a máximos, teniendo que demostrar". "Sin capacidad para la empatía, la colaboración o compartir. Se lo cercenamos en la infancia", afirma.

Su opinión es que se debe educar de otra manera. "Las niñas pueden jugar al fútbol, pero ¿los niños no pueden jugar con muñecas?", interpela, antes de defender que es urgente el cambio en el modelo educativo masculino. "Con las mujeres ya se ha hecho", apostilla.

Subirats aboga por intensificar en la educación masculina valores vinculados al cuidado, la colaboración o la expresión emocional.

A su juicio, el cambio social de las últimas décadas ha sido mucho más profundo entre las mujeres que entre los hombres. EFE

(Foto) (Vídeo) (Audio)

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