Sevilla, 18 may (EFE).- Isco Alarcón, capitán y emblema del Betis del chileno Manuel Pellegrini, convive con el dolor y lo sobrelleva en un concienzudo proceso de maceración para recuperar su mejor versión desde que volvió a jugar el pasado 21 de abril, cinco meses después de lesionarse gravemente ante el Utrecht holandés.
Una lesión de peroné el pasado agosto, en un amistoso previo a la Liga y, a poco de su vuelta, otra en el cartílago del tobillo derecho colocaron al internacional malagueño en una situación en la que planeó incluso la posibilidad de dejar el fútbol, aunque Isco ha vuelto en el tramo final de esta temporada y lo ha hecho entre algodones, con mimo.
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Todo ha sido a cuentagotas en un proceso progresivo gestionado por Pellegrini, los médicos y el propio Isco para medirse de forma paulatina y coger nivel físico y de competición conviviendo con el dolor hasta jugar sus primeros cuarenta y cinco minutos completos este domingo en el Camp Nou ante el Barcelona.
Los aprovechó el malagueño para dibujar un Betis siempre distinto con él que sin él y, además, para anotar de penalty su primer gol de una temporada en la que el conjunto de Pellegrini ha firmado sus sexta clasificación europea y la primera para la Liga de Campeones veintiún años después de que lo lograra de manos de Lorenzo Serra Ferrer.
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Isco Alarcón ha dispuesto en esta campaña de 177 minutos en los siete partidos en los que ha sido alineado hasta el momento a la espera de los que pueda disponer en el epílogo liguero del próximo sábado ante el Levante en La Cartuja.
Cada minuto de más ha sido para el malagueño un escalón más en el proceso de volver a ser pese al infortunio que le ha acompañado en las dos últimas campañas y media desde que se lesionó en mayo de 2024 en el peroné en las vísperas de la Eurocopa, para la que había sido convocado por el seleccionador Luis de la Fuente seis años después de que jugará su último partido internacional, el 10 de junio de 2019, ante Suecia en el Santiago Bernabéu.
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Una entrada de Saúl Coco, futbolista de Las Palmas, frustró la vuelta a la selección de Isco, quien en septiembre de ese año tuvo que volver a pasar por el quirófano por una falta de consolidación en el callo de fractura, aunque reapareció tres meses después para jugar 33 partidos y liderar al equipo en su primera final europea, la perdida ante el Chelsea inglés en Breslavia.
Luego vinieron la lesión de peroné en un amistoso en su Málaga natal, su reaparición cien días más tarde en Liga ante el Girona y la desdichada jugada con el marroquí Sofyan Amrabat, que lo tuvo 145 días en el dique seco hasta su vuelta.
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Volvió a ser convocado por Manuel Pellegrini para la vuelta del partido de Liga Europa ante el Braga portugués en La Cartuja casi cinco meses después de esa lesión y, desde ahí, todo han sido minutos dosificados para convivir con el dolor, superarlo y recobrar nivel y confianza.
"Termino la temporada mucho mejor que la empecé y mucho peor de lo que me gustaría, pero bueno. Ahora toca un proceso en el que tengo que ir paso a paso, intentar coger buenas sensaciones, recuperar ritmo, que se me vaya el dolor y ojalá poder volver la temporada que viene al máximo nivel y sin dolor", reflexionó el de Arroyo de la Miel.
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A sus 34 años, Isco se postula como el eje sobre el que girará el nuevo proyecto verdiblanco para la Liga de Campeones y señaló que su ilusión es "siempre máxima, siempre intacta: con ganas de descansar, de recuperar bien y de empezar la temporada que viene a tope”, dijo tras el duelo en el Camp Nou. EFE
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