Pamplona, 13 may (EFE).- La derrota frente al Atlético de Madrid en la 36ª jornada de LaLiga EA Sports ha cambiado por completo el panorama de un Osasuna que vuelve a tener el descenso a sólo tres puntos después de sumar cuatro derrotas en los cinco últimos partidos.
Cambio radical de discurso en Pamplona. Lo que hace apenas unas semanas parecía una recta final tranquila e incluso cargada de ilusión por la posibilidad de pelear por Europa se ha transformado en una situación de máxima preocupación tras la derrota de ayer frente al Atlético de Madrid.
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El 1-2 encajado en El Sadar ha devuelto al equipo navarro un fantasma con el que llevaba mucho tiempo sin convivir: el descenso.
La victoria del Levante ante el Celta (2-3) y la mala dinámica rojilla han reducido el colchón hasta dejar la 'zona roja' a sólo tres puntos -actualmente marcada por el Girona, con un partido menos, el que jugará este jueves-. Pase lo que pase en los encuentros de Espanyol y Mallorca, hoy, y los gerundenses, mañana, el conjunto navarro, undécimo, con 42 puntos, dormirá mirando directamente hacia abajo.
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Es una situación impensable hace apenas unas jornadas y que refleja el preocupante frenazo de un equipo que ha perdido cuatro de sus últimos cinco partidos de Liga. Derrotas que han llegado ante el Athletic, Barcelona, Levante y Atlético, con una agónica victoria frente al Sevilla que pintaba de claro empate.
La sensación de alarma es todavía mayor teniendo en cuenta cómo comenzó la jornada Osasuna. Antes del choque ante el Atlético, los de Alessio Lisci estaban exactamente a la misma distancia de Europa que del descenso. Sin embargo, la derrota frente a los colchoneros rompió por completo ese equilibrio y acerca peligrosamente a los navarros al precipicio.
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Eso sí, el equipo dejó una imagen bastante más competitiva que la mostrada días antes en el Ciutat de Valencia ante el Levante. Osasuna dominó muchos tramos del encuentro, sometió por momentos al Atlético y mostró una versión mucho más reconocible en El Sadar.
El gran problema volvió a ser la falta de acierto. Los rojillos terminaron el partido con hasta 23 remates totales, aunque únicamente uno acabó dentro de la portería rival: el gol de Kike Barja en el minuto 91.
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La falta de eficacia está castigando con dureza a un equipo que ha perdido confianza en las últimas semanas mientras los rivales directos aceleran en la clasificación.
El margen de error se ha reducido al mínimo y el encuentro del próximo domingo frente al RCD Espanyol adquiere ya un carácter de auténtica urgencia para un Osasuna que todavía no ha certificado matemáticamente la permanencia. El conjunto catalán, además, afronta hoy un duelo clave en San Mamés en el que también se juega buena parte de sus opciones de salvación. EFE
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le.mm/cmm
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