Víctor Martí
Barcelona, 10 may (EFE).- El Barcelona-Real Madrid de LaLiga de la temporada 2025-26 no será recordado como un clásico más para la afición azulgrana, que, impulsada por la solvente actuación de su equipo (2-0), vivió una fiesta durante 90 minutos para saborear el primer título liguero del club catalán levantado ante el eterno rival.
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Las 62.213 almas que acudieron al Spotify Camp Nou, que albergó el primer clásico tras su reapertura el pasado noviembre, pasaron del luto antes del partido, dedicando un respetuoso minuto de silencio por la muerte del padre del entrenador Hansi Flick, a los nervios habituales que apenas hicieron acto de presencia en las gradas.
También hubo tiempo para la ironía.Y es que la grada azulgrana no se olvidó de la crisis que ha aflorado en el vestuario del Real Madrid en las últimas semanas.
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Más allá de los habituales cánticos contra el eterno rival y el ya clásico “¡Vinícius, balón de playa!”, los aficionados aplaudieron a Aurelien Tchouaméni al oír su nombre por la megafonía y corearon un “¡Qué se peguen!” cuando el equipo blanco saltó a calentar.
Una reacción inaudita a un hecho también poco frecuente como fue la baja por un traumatismo craneoencefálico del uruguayo Fede Valverde tras darse con una mesa por un resbalón en un enfrentamiento con el centrocampista francés el pasado viernes. Durante el partido, también gritaron “¡Cono, quédate”, un cántico en alusión al técnico del Real Madrid, Álvaro Arbeloa.
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Como era de esperar, las gradas parcialmente construidas del coliseo azulgrana se llenaron para un partido que en las horas previas se calificó de histórico. Necesitaba el Barça ganar o empatar para cantar el alirón por primera vez en un clásico. Un aliciente más para un equipo que con su triunfo confirmó el segundo año consecutivo sin títulos del Real Madrid.
Además de las habituales autoridades, entre ellas el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, el palco de autoridades se llenó de artistas como la cantante estadounidense Olivia Rodrigo, cuyo logotipo lució en la camiseta de los jugadores azulgranas, y la argentina Nathy Peluso, así como el boxeador Sandor Martin, entre otros.
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No viajó, en cambio, a Barcelona el presidente del club blanco, Florentino Pérez, algo que sí hicieron los presidentes de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y de la Liga, Rafael Louzan y Javier Tebas. El máximo representante de la entidad blanca fue su presidente de honor, José Martínez ‘Pirri’.
Todos ellos vivieron un partido que el Barcelona empezó a encarrilar en el primer tiempo, lo que destensó a los socios barcelonistas, que entonaron los clásicos habituales cuando todo funciona en un clásico: gritos de “olé” con el 2-0 cada vez que Pedri iniciaba un rondo en el centro del campo y el clásico “¡Madridista el que no bote”. También corearon el nombre de Hansi Flick, que devolvió el cariño de la grada aplausos.
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A la muchas veces desangelada afición azulgrana le ayudaron los 1.200 miembros de la grada de animación que se ubicaron en el gol sur del estadio, que aumentó los decibelios por dos rifirrafes entre jugadores de ambos equipos en el segundo tiempo, cuando la afición empezó a corear el "¡Campeones, campeones!".
Los primeros gritos celebrando el título se escucharon en el minuto 73 y se repitieron hasta el pitido final, cuando el público estalló de júbilo. De fondo, fuegos artificiales en el cielo de Barcelona y, en el césped, los jugadores manteando a un Hansi Flick visiblemente emocionado. La ocasión lo merecía: cada día no se gana una liga frente al eterno rival. El nuevo Spotify Camp Nou ya tiene su primera gran noche. EFE
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