El físico David Blanco se asoma al abismo de los agujeros negros de la mano de la cultura

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Raúl Casado

Madrid, 1 may (EFE), El físico teórico David Blanco Laserna se ha 'asomado' a uno de los objetos -o lugares- más enigmáticos del cosmos, los agujeros negros, y lo ha hecho de la mano no sólo de la ciencia más rigurosa, también del cine o de la literatura y hasta de la ciencia ficción, para acabar dibujando una metáfora entre las pasiones que desatan las leyes del universo y las inquietudes humanas ante lo desconocido.

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Blanco Laserna, profesor de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, escritor y divulgador científico, publica 'Agujeros negros. Ciencia, historia y mito' (Editorial Pinolia), una obra en la que escudriña cómo han evolucionado las diferentes teorías, desde Albert Einstein o Isaac Newton hasta Stephen Hawking, pero por las páginas desfilan también Edgar Allan Poe, Chistopher Nolan, Jean-Paul Sartre, los Artic Monkies o Pink Floyd.

Son esas regiones del espacio donde la concentración de masa es tan intensa que genera un campo gravitatorio del que nada -en ese 'nada' los científicos siempre apostillan que 'ni siquiera la luz'- puede escapar, y se forman cuando las estrellas agotan el combustible en su núcleo y colapsan; el libro repasa el conocimiento acumulado durante décadas pero también cómo han acabado convertidos en símbolo del vacío, del infinito o asociados al viaje sin retorno.

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David Blanco Laserna profundiza así en cómo los agujeros negros´, uno de los fenómenos más enigmáticos, elusivos y fascinantes del Universo, han trascendido la física y ofrecen "una singular combinación de mito y realidad", en cómo a través de la ficción se han ganado fama de "voraces sumideros interestelares que todo lo tragan", o en cómo ese poder destructivo y succionador los ha emparentado con los tornados.

Pero el libro pivota sobre el rigor científico y detalla cómo los agujeros negros son "hijos naturales" de la gravedad y sobre las diferentes teorías que a lo largo de la historia han sido capaces de explicar con éxito los fenómenos gravitatorios: la teoría de la gravitación universal de Isaac Newton y la teoría de la relatividad general de Albert Einstein; y sobre las numerosas pruebas y evidencias científicas que han tenido que acumular los físicos y los astrónomos hasta demostrar su existencia.

Los agujeros esconden "el atractivo de lo incomprensible" y es esa complejidad y ese poder evocador la que precisamente atrapa a científicos y a artistas, mantiene David Blanco en declaraciones a EFE, para ahondar durante la conversación en cómo el concepto de "frontera de la que nada puede escapar" enlaza con metáforas humanas sobre la muerte o sobre lo irreversible.

Y defiende su obra como un puente entre la divulgación, de interés para quienes tienen curiosidad por la astrofísica y el conocimiento científico y académico, y para quienes están interesados en bordear los límites de la imaginación; como un viaje "de ida y vuelta" entre la ciencia y la cultura.

"Los agujeros negros tienen cosas muy sencillas que nos atraen y al mismo tiempo entrañan una gran dificultad conceptual en la parte científica", ha observado el autor, y ha subrayado la fascinación que desatan estos lugares en los que "ni el escapista más rápido del Universo (la luz) puede salir".

Y aunque el cine, la literatura, la música han imaginado ya muchos escenarios, y aunque la realidad acaba casi siempre superando a la ficción, David Blanco no concibe a corto ni a medio plazo que el hombre pueda de verdad "asomarse" a un agujero negro, ya que el más cercano está "muy lejos de las capacidades tecnológicas humanas actuales", pero está convencido de que las imágenes que se están obteniendo van a reportar abundante y valiosa información para profundizar en su conocimiento y desentrañar algunos de los secretos que todavía esconden para la ciencia.

Como la materia oscura o el entrelazamiento cuántico, los agujeros negros confirman las sospechas de los filósofos antiguos de que el Universo no está calibrado a escala humana, concluye David Blanco, para quien son el mejor ejemplo "de que habitamos una porción ínfima de un cosmos inabarcable para nuestra imaginación". EFE

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