Madrid, 27 abr (EFE).- Casi veintiséis años después, el Gobierno ha reparado "la injusticia", como ha llamado la ministra Ana Redondo a lo que vivió Dolores Vázquez a finales de la década de los 90, al pasar 519 días en prisión falsamente acusada por el crimen de la joven malagueña Rocío Wanninkhof, hasta que pudo probar su inocencia.
El Ministerio de Igualdad ha homenajeado este lunes a Vázquez con la entrega de la medalla a la promoción de los valores de igualdad, en el marco del Día de la Visibilidad Lésbica, en un acto muy emotivo en el que se ha reivindicado su figura.
Con todo el público en pie, Vázquez ha recibido entre lágrimas la medalla de manos de la ministra Ana Redondo, quien ha destacado que "es un día de justicia, verdad y reparación", tras "las mentiras, los bulos, las falsedades y lo perverso de la situación" que tuvo que vivir, siendo objeto de un "linchamiento" social e institucional.
"Es una vergüenza compartida", ha admitido la ministra, al tiempo que ha subrayado que la democracia española en ese momento "falló estrepitosamente".
Este ha sido el primer acto de reparación para Dolores Vázquez, según Redondo, que ha afirmado que "no será el único".
El 9 de octubre de 1999 la vida de Dolores Vázquez cambió para siempre con la desaparición en Mijas (Málaga) de Rocío Wanninkhof, de 19 años, cuyo cadáver apareció con numerosas puñaladas tras varias semanas de búsqueda y con los medios de comunicación volcados en el crimen de la joven.
El caso conmocionó al país y, sin sospechosos claros y ante una gran presión mediática y social, Vázquez, que era la expareja de Alicia Hornos, la madre de Rocío Wanninkhof, fue detenida sin pruebas en septiembre de 2000 por la Guardia Civil, solo por indicios contradictorios.
Bajo el pretexto de que podría tratarse de un crimen pasional, fue condenada por un jurado popular a 15 años de prisión, después de un juicio plagado de irregularidades, tras construirse un perfil de la presunta asesina motivado por su orientación sexual.
Pasó 519 días en prisión por un crimen que no cometió hasta que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ordenó la repetición del juicio en febrero de 2002 ante "la falta de motivación", y fue puesta en libertad bajo fianza.
No fue hasta cuatro años después cuando la policía encontró al verdadero asesino, Tonny Alexander King, tras ser detenido por el asesinato en Coín (Málaga) de otra joven, Sonia Carabantes, de 17 años. Al cotejar las muestras con el caso Wanninkhof se descubrió que era el mismo culpable, y Vázquez quedó exculpada.
Visiblemente emocionada, Vázquez ha dedicado este homenaje a su familia, así como a sus amigos que estuvieron su lado, que iban a su casa a verla por las noches para que la prensa no les viera. "Por el apoyo que recibí entonces y a lo largo de este tiempo", ha subrayado.
Pese a haber estado "en un pozo muy profundo" del que no lograba salir, ha asegurado que no siente rencor a día de hoy, aunque ha reconocido que hay algunas cosas que aún le duelen, como la relación rota con la familia de Rocío Wanninkhof, sobre todo con los hermanos de la joven asesinada.
"Quería a Rocío como a mi hija, y a Rosa Blanca y a Guillermo igual", ha afirmado, al tiempo que ha recalcado que ella y Alicia Hornos no tenían ya una relación sentimental cuando sucedió el crimen, por lo que "lleva dentro" las mentiras que se dijeron sobre ella.
"Era insoportable, no podía dormir ni en la cama, me sentaba en una esquina", ha relatado Vázquez, que ha dicho sentirse "orgullosa" por haber podido superarlo sola, tanto que ahora es capaz de hablar ante un micrófono y mirar a la cámara cuando antes no podía.
Y ha celebrado que el tiempo de Dolores Vázquez ya pasó y ahora es el momento de "Loli Vázquez", mientras ha pedido con una sonrisa a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que quiere más reconocimientos.
Por "el calvario" sufrido, sí espera recibir el perdón, principalmente por parte de la prensa y de la gente que la acusó siendo inocente, así como una futura indemnización por los 17 meses que pasó en prisión.
"Eso es el Gobierno quien tiene que decidir. Yo creo que con buena fe todo es posible", ha afirmado Vázquez en declaraciones a los medios previas al acto, donde ha relatado que solo percibe una mínima pensión no contributiva.
Después de ser premiada el año pasado con el XVII Premio Úrsula Meléndez de Texeda por parte del Ayuntamiento de Betanzos (Galicia), donde vive desde hace siete años, Vázquez recibe ahora este homenaje del Gobierno, tras reclamar el perdón por parte del Estado. "Siempre recordaré este día", ha remarcado. EFE
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