Okuda San Miguel celebra sus 30 años como artista urbano con un frenesí de actividades

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Cristina Lladó

Madrid, 12 abr (EFE).- El pintor y escultor Okuda San Miguel (Santander, 1980), que ha llenado ciudades de medio mundo de explosiones de color con sus inmensos murales, cumple 30 años en el mundo del arte y lo celebra con un frenesí de exposiciones, instalaciones, conciertos y clases que detalla en una visita de EFE a su estudio madrileño.

Escondido en una calle secundaria del barrio de Usera, el “estudio” de Okuda no es un estudio, es un universo.

Comienza con un espacio dedicado a la obra de un amigo, pasa por una treintena de niños de un colegio de Vallecas que pintan una larga pared, gira hacia un espacio de exposición y almacenaje de obras del artista y concluye con la zona de trabajo.

Una zona, en la que cinco ayudantes, todas mujeres, la mayoría con monos de trabajo y grandes máscaras de gas, colorean minuciosamente con espray cada uno de los miles de triangulitos que componen las obras del artista.

Aquí y allá, decenas de obras de brillante colorido:

Grandes cuadros alegóricos en los que se mezclan cuerpos humanos con animales y referencias a McDonald’s, bitcoin, Donald Trump o Mickey Mouse; estilizados tótems formados por una superposición de hamburguesas, deportivas o ramilletes de tetas; un espléndido Porsche 920 totalmente cubierto de triangulitos de colores o un gigante caleidoscopio luminoso.

Y entonces, saludando con energía a todo el mundo y haciéndose oír por encima de la música tecno y el ruido de botes de espray siendo agitados, con una sudadera de uno de sus ídolos, el artista Keith Haring, y brillantes gafas amarillas, entra él.

El detonador de toda la actividad, de toda la energía y de todas las ganas de llenar el mundo de colores brillantes que levanten el ánimo mientras cuestiona a los grandes totems de la actualidad.

Nacido el Santander, en 1980, Óscar San Miguel comenzó con 15 años a pintar sus primeras letras en paredes de naves y fábricas abandonadas junto con su grupo de adolescentes ‘Jungle Jonkys’ y a meterse en líos con la Policía.

Expansivo, optimista, hiperactivo y gesticulante, Okuda detalla una trayectoria artística que le ha llevado desde las afueras de Santander a decorar fachadas enteras de edificios en ciudades como Kiev, Moscú, Tokio o Madrid, y colocar inmensas esculturas multicolores en plazas de otras tantas.

“Ya son más de 300 grandes proyectos en 100 ciudades de distintos países. Y no solo fachadas, también faros, iglesias, fábricas y plazas con las que Okuda ha cambiado el aspecto y el ánimo de ciudades y pueblos”, dice con entusiasmo y, de vez en cuando, hablando de sí mismo en tercera persona.

Pero eso es todo pasado y Okuda sólo piensa en lanzarse a nuevos retos como el de crear un nuevo lenguaje visual con la ayuda de la tecnología digital, o construir una obra suya gigante que en realidad sea una casa habitable que permita “vivir el arte y no solo mirarlo”, o inspirar a los niños de colegios e institutos a expresarse libremente por medio de la creatividad.

También en preparar las clases para el máster de la Universidad Complutense de Madrid titulado “El color como herramienta de cambio”, y su próximo espectáculo ‘Neo Kaos Garden’ para el festival internacional de música electrónica Elrow, y en su próxima exposición itinerante por medio mundo, y...

Tras casi dos horas frenéticas y entusiastas, Okuda se despide de los periodistas mientras el jefe de su grupo de ayudantes pide su opinión sobre una obra, el presidente de su fundación le pide concreción sobre un proyecto en marcha y su jefe de prensa intenta cerrar una fecha para su próxima aparición.

Y recuerda que aún no ha comentado su proyecto para la fiesta del Orgullo gay de Madrid, ni ha hablado de la próxima inauguración del Arco Chinatown en el barrio de Usera de Madrid.

El Porsche que tiene aparcado en la nave tampoco lo ha probado todavía; espera con ilusión que sea su madre la primera en dar una vuelta en él. EFE

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