Marc Barceló, 9 años: la promesa mundial del ajedrez que jugaba para no aburrirse

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Javier Díaz Plaza

Tarragona, 12 abril (EFE).- Marc Barceló es un niño prodigio del ajedrez: con seis años no quiso ir a un campamento de verano y su padre le enseñó a jugar para que se entretuviera en casa sin imaginarse que, tres años después, iba a proclamarse campeón del mundo en la categoría sub-9 en un campeonato celebrado en Turquía.

"En un mes ya ganaba a mi padre", recuerda Barceló (Tarragona, 2016), para quien el ajedrez es "como un videojuego que desarrolla el cerebro y es muy divertido".

Durante aquel verano, su padre, que se llama Javier y es natural de Zaragoza, le instaló una aplicación en el teléfono móvil para que jugara online con gente de cualquier sitio. "La mayoría de los rivales eran mayores que yo, pero casi siempre ganaba", dice Marc, que estudia cuarto de primaria y tiene altas capacidades en Matemáticas.

El ajedrez dejó de ser un pasatiempo contra el aburrimiento en vacaciones y ahora es una parte fundamental de su vida: entrena dos horas al día, entre clases presenciales y en línea, y a su corta edad ya tiene un palmarés envidiable.

Ha ganado un Mundial sub-9 en la modalidad blitz, un Subcampeonato Mundial sub-9 en partidas rápidas, un Campeonato de España sub-10, tres de Cataluña (uno sub-8 y dos sub-10) y un 15º puesto en un Europeo sub-10.

Además, es el segundo jugador más joven de la historia en conseguir el título de Candidate Master, cuarta distinción más importante otorgada por la Federación Internacional de Ajedrez. Tenía 9 años y 2 meses cuando lo logró, solo superado por un francés que lo consiguió con 9 años y 5 días.

Entre sus referentes está el gran maestro estadounidense Bobby Fischer, del que ve vídeos para estudiar sus partidas. "Me gustan la táctica y las combinaciones y jugar al ataque", asegura el joven ajedrecista, miembro del Club Escacs Tarragona.

El ajedrez ha cambiado la rutina de su familia. "Ahora planificamos las vacaciones en función de los torneos", reconoce su padre. Ya han viajado a Turquía o Montenegro, se han recorrido media España y la próxima semana irán a Serbia, donde se celebrará el Campeonato del Mundo sub-10 de partidas rápidas y blitz.

La exigencia deportiva también obliga a Marc a ajustar sus estudios. Cuando viaja, puede perder hasta una semana de clase, aunque es buen estudiante y saca buenas notas, sobre todo en Matemáticas, Historia, Inglés, Catalán y Castellano. "Me gustan todas las asignaturas, menos la plástica", dice.

Hasta su vida social ha crecido con este deporte. "Tengo amigos del colegio y del ajedrez, aunque a estos solo los veo en los campeonatos porque viven en otras ciudades de España o de otros países", cuenta Marc, que en agosto cumplirá 10 años.

Su talento no se limita al tablero. Con cinco años resolvía el cubo de Rubik en poco más de un minuto y le gustan los puzles y cualquier actividad que implique lógica y concentración.

Antes del ajedrez probó suerte en el fútbol, como centrocampista en el equipo de su colegio. "Tenía buena zurda", apunta su padre, pero "cuando le ponían de defensa se iba al ataque y bajaba andando".

"Mis padres me dijeron: elige, fútbol o ajedrez. Y me quedé con el ajedrez", comenta Marc, que es seguidor del Real Madrid.

En el poco tiempo libre que le queda le gusta jugar a tenis de mesa o montar en bicicleta. A pesar de que vivimos en la era de las pantallas, no es de teléfonos móviles y televisión, aunque cuando puede ve capítulos de 'Doraemon'.

La lectura es otra de sus aficiones: su libro favorito es 'El Principito', que se lo trajeron los Reyes Magos después de participar en una representación teatral de este clásico de Antoine de Saint-Exupéry en el colegio.

Marc vive el ajedrez como una diversión, sin presión y consciente de que perder forma parte del juego. Eso sí, se lo toma muy en serio y apunta alto: "En el futuro me gustaría llegar a ser gran maestro". En el camino está. EFE

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