Juan José Lahuerta
Madrid, 12 abr (EFE).- Madrid, 15 feb (EFE).- En una jornada atravesada por el nervio de la zona baja, el nombre propio fue el de Nemanja Gudelj, cuyo cabezazo en el segundo minuto del añadido de la primera parte, a la salida de un córner lanzado por Rubén Vargas, dio al Sevilla una victoria de peso para aliviar las tensiones habituales cuando merodea el descenso.
El capitán del conjunto andaluz no marcaba desde la décima jornada, en Anoeta, ante la Real Sociedad. Era, además, su único gol del curso. Eligió el momento. Cuando su equipo necesitaba más aire que nunca.
El partido también tuvo que ver con el contexto del rival. El Atlético compareció con la cabeza repartida entre frentes mayores. Diego Simeone tiró de rotaciones y presentó un once poco habitual, con diez cambios respecto al partido ante el Barcelona de Liga de Campeones y varios debutantes (Boñar, Julio Díaz, Dani Martínez y Rayane). Aun así, su equipo compitió y sostuvo el pulso.
Porque el Sevilla jugaba con la urgencia. La victoria del Elche le obligaba a ganar para no caer en descenso. Se adelantó con el penalti de Akor Adams, pero el empate de Boñar devolvió al partido a su terreno natural: la inquietud.
El Ramón Sánchez Pizjuán acompañó ese estado de ánimo. Un estadio en tensión, consciente de lo que había en juego. Sexta jornada sin ganar en el horizonte, segunda con Luis García Plaza en el banquillo tras el relevo de Matías Almeyda, y un ambiente que empezaba a cargarse en exceso.
Y ahí apareció la jugada que explica todo lo demás. Vargas puso el balón en el corazón del área y Gudelj lo atacó como hacen los que entienden el momento. Sin adorno. A tiempo. El cabezazo fue limpio y suficiente. El estadio pasó del murmullo al alivio en un instante.
"Hoy, el gol ha sido mío. Otro día, será de otro. Lo que más importa son los tres puntos en un momento, todos sabemos, muy difícil, que todos los equipos están ganando puntos y nosotros tenemos que seguir. Nos queda mucho. Este es un pasito adelante y que sea un paso como ejemplo para los siete finales que quedan", afirmó.
No le faltaba razón. La jornada apretaba por abajo. Ganaron Elche, Mallorca y Oviedo. No hacerlo habría metido al Sevilla en un problema serio. Por eso su gol no fue uno más. Fue el que sostiene, el que calma y el que, de momento, permite al Sevilla aliviar tensiones y, sobre todo, mantenerse fuera de los puestos de descenso. EFE
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