Victoria Coronas
Málaga, 11 abr (EFE).- La denominada 'fuga de cerebros', un fenómeno que cada año aumenta en España y en Andalucía, se hace cada vez más habitual hacia países extranjeros, sobre todo europeos, como producto de una globalización que va más allá del aspecto económico o de ideas, ya que alcanza de lleno al "capital humano".
Según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), en 2025 más de un millón vivió en distintos países de la Unión Europea, cifra que no ha dejado de crecer desde 2009 hasta la actualidad.
Luis Ayuso, catedrático de Sociología en la Universidad de Málaga, define la fuga de cerebros como una “búsqueda de oportunidades laborales”, una tendencia que también se da dentro de los países con movimientos internos hacia los grandes centros económicos.
En declaraciones a EFE ha señalado que es un fenómeno “cada vez más habitual”, puesto que trata del producto de una globalización ya “no solo de ideas y económica”, sino también “de capital humano”.
A esta visión de la realidad del siglo se suma el entendimiento de la emigración española como una “de golondrina”, o lo que es lo mismo, de ida y vuelta: “No se sabe si van a volver, pero se conoce que a muchos sí les gustaría volver”, puntualiza el sociólogo.
“Como país tendríamos que ver qué estrategias se ponen en marcha para el desarrollo de dar oportunidades a jóvenes altamente preparados”, añade Ayuso sobre un fenómeno que cada vez va a ser “más habitual en una economía cada vez más global”.
Además, con un declive demográfico “a nivel mundial”, la competitividad por el talento va a ser cada vez más importante, lo cual pone de especial relieve el “proceso de atracción de talento”.
“El familiarismo o estar con los amigos” son para Luis Ayuso los factores “potencialmente atractivos” que España “no explota suficientemente”: “Aunque el salario sea menor, sabemos que vamos a disfrutar de una mayor calidad de vida”, concluye.
Unos 134.000 jóvenes profesionales de entre 20 y 29 años salieron de España en 2025 –según cifras del Instituto Nacional de Estadística– en busca de nuevas oportunidades y experiencias.
EFE ha recabado testimonios de jóvenes que salen del país como el de Elena Ortega, quien, hace cuatro años, se mudó a Sønderborg (Dinamarca) tres cursos después de que su hermano tomara la misma decisión de compaginar trabajo y estudios subvencionado por una beca del gobierno nórdico.
Al pensar en cómo poner freno a este éxodo laboral, Alejandro Puerta, gaditano en Colonia (Alemania), considera que el cambio ha de ser “radical”. Es traductor desde el año pasado y piensa que hay que dar oportunidades “de calidad” a la gente joven, “acordes” a lo que hayan estudiado “y a su experiencia”.
Blanca Téllez, economista malagueña de 24 años, estudia y trabaja en Róterdam (Holanda), y considera que este cambio “debe venir desde arriba”, ya que en España hay “mucho estigma con el joven”.
Nerea Ruiz nació en Bilbao hace 22 años, se formó para ser profesora y lamenta que el sistema español es “muy contradictorio”, ya que “cada vez se exige más formación”.
“Cuando consigues la formación, como no tienes experiencia, no te dan el puesto de trabajo. ¿Qué más quieren de nosotros?”, se pregunta.
La tasa de paro joven en España en el último trimestre de 2025 fue del 21,7 por ciento, según el INE, lo que significa que 1 de cada 5 jóvenes no encontró trabajo.
En la Unión Europea, el porcentaje de desempleo medio se sitúa, según Eurostat, en el 15,1 por ciento, y encabezan la lista Alemania, Países Bajos o Irlanda, que son, al mismo tiempo, algunos de los destinos más elegidos por los nuevos profesionales españoles. EFE
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