La sobrepoblación de conejos y jabalíes, un problema creciente sin una solución única

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 Raúl Gómez

Madrid, 8 abr (EFE).- La sobrepoblación de especies como el conejo y el jabalí se ha convertido en uno de los principales desafíos para el campo español, con impactos económicos, ambientales y sociales que reflejan un problema complejo en el que confluyen factores ecológicos, cambios en el territorio y modelos de gestión.

Los daños a la agricultura son una de las consecuencias más visibles, según un informe de la fundación Artemisan, en 2024 se registraron siniestros agrícolas por ataques de fauna en más de 26.000 hectáreas que supusieron pérdidas económicas estimadas en 1,8 millones de euros, a lo que se suma el riesgo sanitario y el aumento de accidentes de tráfico, con más de 15.000 siniestros asociados al jabalí.

Aunque los datos son esclarecedores, el diagnóstico sobre las causas y la dimensión del problema no es unánime y, en el caso del conejo, según afirma la responsable de especies amenazadas de WWF, Laura Moreno, se da una situación "paradójica".

"El conejo es una especie en peligro de extinción, que es algo de lo que se olvida la gente, por lo que legalmente está más amenazado que el propio lince, que está catalogado como vulnerable", recuerda en entrevista con EFE.

Según explica Moreno, con el conejo se ha dado una "dicotomía" territorial que ha hecho que, mientras que en zonas de monte las poblaciones han caído hasta el 60 % en los últimos años, en áreas agrarias se mantienen o incluso aumentan, generando problemas "tanto socioeconómicos como a nivel de biodiversidad".

La responsable de WWF advierte que la clave está en la transformación del hábitat y del territorio agrícola, que ha transicionado de "paisajes en mosaico" -heterogéneos y con diferentes usos del suelo- a "modelos intensivos", unido a la expansión del regadío, que ha favorecido la concentración de conejos en determinadas zonas.

"No es tanto un problema de que el conejo esté causando daños a la biodiversidad, sino que es la transformación del hábitat la que está generando estos desequilibrios", afirma.

Desde la fundación Artemisan, enfocada en la conservación del medioambiente a través de una actividad cinegética sostenible, su director, Luis Fernando Villanueva, coincide en señalar la complejidad del fenómeno, aunque pone el foco en la gestión y el papel humano.

A su juicio, sí que existe una sobrepoblación del conejo, y su desplazamiento hacia zonas agrarias responde también a la proliferación de infraestructuras como carreteras o vías del tren, las cuales funcionan como "refugio".

"Si a eso le sumas que en esas zonas de seguridad el cazador no puede cazar, salvo excepciones, provoca que se generen estas sobrepoblaciones", añade.

En el caso del jabalí, su expansión ha sido notable, con un crecimiento de hasta el 550 % en las tres últimas décadas y una población que ronda los 2 millones de ejemplares, lo que agrava los daños agrícolas y los riesgos para la seguridad vial y la sanidad animal.

Las soluciones planteadas reflejan de igual manera enfoques distintos: mientras que Moreno apuesta por medidas estructurales que restauren el equilibrio de los ecosistemas (como cambios en la política agraria, mejoras del hábitat o recuperación de depredadores), Villanueva defiende una gestión más activa basada en la caza.

"La mejor solución es flexibilizar los días y los métodos de caza con el fin de que los cazadores no tengan adversidades de carácter burocrático", sostiene.

Ambos coinciden, no obstante, en que el problema no tiene una solución única y requiere una combinación de medidas que pasan por abordar las causas profundas de este desequilibrio ecológico y en la necesidad de actuar con urgencia para reducir los impactos sobre el campo, a fin de encontrar un equilibro que permita compatibilizar la conservación de la biodiversidad con la viabilidad económica del medio rural. EFE