Eva Ruiz Verde
Sevilla, 7 abr (EFE).- "Lo rural existe y la danza también", reivindica la bailarina sevillana Laura Morales en su espectáculo 'Ser pastora', en el que traslada a un escenario lo que aprendió de la trashumancia en las casi tres semanas que pasó en Brieva de Cameros (La Rioja) aprendiendo a guiar a un rebaño.
A través de un vestuario que es "casi una instalación" que incluye cencerros, "una trenza muy larga y muchísimas balas de paja, que a veces son ovejas y a veces montaña", Morales presenta en el Teatro Central de Sevilla el 8 y 9 de mayo el estreno absoluto de su última creación, cuya primera semilla surgió de "una desilusión".
"Después de un periodo supuestamente muy fructífero en el que me contrataban en sitios importantes me di cuenta de que no era suficiente y entré en crisis conmigo misma", explica la bailarina en un encuentro con los medios, en el que añade que entonces le apareció por las redes una escuela de pastores y sintió "un flechazo".
Al regreso de una experiencia que define como "increíble y sin ninguna pretensión", ya que iba "a ciegas y solo siguiendo un instinto", llegó la propuesta de escribir sobre ella en la revista del Centro Dramático Nacional, enmarcada en lo importante de las residencias artísticas para los procesos creativos de los artistas".
"Mi respuesta fue que no había sido una residencia artística, sino un escape de lo artístico", explica la autora, que finalmente escribió el artículo que llevó a que, "casi sin quererlo, apareciera la pieza 'Ser pastora'", en la que ha intentado alejarse del folclore y "volver a todo lo primitivo y ancestral".
Investigó así sobre "el sonido de la paja deslizándose desde una altura o cuántos silbidos diferentes hay para llamar a las ovejas, y cuánta música puedo crear yo con mi propio silbido".
Asegura que durante los 20 días que compartió con el rebaño sintió que "nunca estaba sola" y que el centenar de ovejas del que se ocupó se convirtió en "el elenco más grande que haya tenido en la vida", bromea, para añadir que la obra tiene un espíritu "muy artesano".
"Es algo muy de verdad, que tú mismo construyes", dice Morales, lo que ha querido invocar también en la música que la acompaña y que tiene tanta importancia que para ella cantar ya es como su "nueva forma de bailar". Investigó así sobre "el sonido de la paja deslizándose desde una altura o cuántos silbidos diferentes hay para llamar a las ovejas, y cuánta música puedo crear yo con mi propio silbido", explica.
Cuenta que este aprendizaje ha cambiado su forma de confiar en sí misma y le ha hecho creer en ella. "En el campo tienes que solucionar cosas como que una oveja se engancha en algún sitio y tú la tienes que coger, o buscar por la noche un refugio de montaña", pone como ejemplo. "Me siento más segura de mí misma", sentencia.
"Para mí mis residencias artísticas son mis trashumancias", asegura la bailarina y coreógrafa, que durante el espectáculo, en el que actúa en solitario, juega con la luz para "no mostrar todo rápidamente". "Es como cuando llegas al campo y poco a poco va amaneciendo", compara.
En la puesta en escena juega también con los silbidos y "la comunicación con la naturaleza a través del grito de la pastora a su rebaño para que la acompañe", por lo que reivindica lo rural, algo que siente que "desde las ciudades se sigue mirando de lejos".
"Es lo mismo que ocurre con la danza, se siguen romantizando estos universos porque están más alejados de nosotras y podemos soñar que son vidas bonitas y especiales", define la bailarina, que apuesta por "mirarlos muy de cerca y enamorarse de ellos".
Advierte que el pastoreo es una profesión "en extinción total" y destaca los proyectos "fuertes" encabezados por mujeres que pueden reducir la tradicional brecha de género también en ella.
"Las mujeres estamos en los cuidados, pero también en los trabajos duros de estar meses en la montaña sin ver prácticamente a nadie con una tormenta que te deja aislada o con un lobo que se come a tres ovejas", reinvidica Morales. EFE
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