La teatralidad y el lujo ochentero alumbran una nueva tendencia: el 'glamoratti'

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Carmen Martín

Madrid, 30 mar (EFE).- La teatralidad y el lujo ochentero alumbran una nueva tendencia: el 'glamoratti', un estilo elegante, audaz y excesivo que se caracteriza por la silueta de hombros marcados y falda lápiz, volúmenes amplios, obsesión por la piel y el cuero, la mezcla de colores llamativos y joyas exageradas que capturan la mirada ajena.

Cada temporada, la moda propone una nueva narrativa visual y en esta ocasión muestra el 'glamoratti', una tendencia que apuesta por el más es más y desbanca al minimalismo y el lujo silencioso que ha reinado en los últimos tiempos.

La estética de Joan Collins y Linda Evans en la serie 'Dinastia' (1981) o la de Melanie Griffith y Sigourney Weaver en la película 'Armas de Mujer' (1988) sirven de ejemplo para sumarse a esta moda a avala los plisados y las texturas opulentas como el tafetán y tejidos adamascadas.

También la princesa Grace de Mónaco y sus hijas, Carolina y Estefanía, Madonna, Bianca Jagger, Diana Ross, Grace Jones, Oliva Newton o Lady Di, que lucieron americanas con hombreras y vestidos ajustados a la cintura con cinturones anchos, así como vestidos cuajados de lentejuelas y brillos, pueden servir de inspiración.

Diseñadores y firmas proponen para la primavera-verano 2026 prendas y accesorios maximalistas, sensuales y barrocos que hablan de lujo absoluto y recuerdan (de alguna manera) a las creaciones que Gianni Versace, Thierry Mugler, Jean-Paul Gaultier, Yves Saint-Laurent o Christian Lacroix sacaron a la luz en la década ochentera.

Diseñadores que mezclaban sensualidad, opulencia y lujo para celebrar el cuerpo de la mujer y, además, mostrar la fuerza y la belleza de todas.

Sin embargo, en esta nueva escritura de la moda de los 80, la estética no se copia de manera literal; es más sutil y discreta, no se ven todos los estilos a la vez, sino que se destaca uno de ellos; bien se puede apostar por una silueta, uno o dos colores de toda la paleta cromática o algún complemento.

Por ejemplo, la casa Chanel, se suma al 'glamoratti' destacando los encajes y Gucci adereza blusas con las lazadas vistosas de aire decimonónico, mientras que Saint Laurent hace hincapié en las chaquetas de hombreras estructuras y angulosas combinadas con faldas de silueta lápiz.

Las jóvenes generaciones apuestan y defienden la estética del lujo con abrigos de piel de visón o de zorro, prendas que ponen de manifiesto el concepto de 'Old money' (dinero viejo) que se refiere a la riqueza heredada por generaciones.

Los milenial y zetas recuperan los hombros marcados, se imponen las hombreras, los trajes masculinos muy amplios, las faldas de cuero, los vestidos con mangas opulentas o la cazadora de cuello alto o cuello embudo.

Piezas que adornan con cinturones, gafas de sol tamaño XXL para no pasar desapercibida, broches sobre la solapa y pendientes, pulseras y collares con prevalencia del dorado.

Y con ello, las firmas de ropa deportiva comenzaron a diseñar prendas específicas como conjuntos de licra, mallas de colores brillantes, 'maillots', calentadores y cintas sobre la frente para frenar el sudor. Definieron una serie de estilismos que Jane Fonda abanderó e incluyó en la cultura pop.

En la actualidad, esta tendencia también está vigente y Gucci en su colección Resort 2026 recupera los 'leggings' combinados con taconazos, mientras que Puma reinterpreta los chándales de nylon de llamativos colores.

En contraste con el exceso de los años setenta, la moda masculina en los ochenta se caracterizó por la sastrería clásica, nostalgia que se traduce en trajes holgados, americanas de doble botonadura y pantalones de pinzas. EFE

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