Fuengirola (Málaga).- Combatir la soledad y luchar contra el aislamiento social que sufren miles de personas mayores es el objetivo del ejército de voluntarios que colaboran con el proyecto ´Soledad 0, Vida 10´ de la Fundación Harena, en el que participan alrededor de 17.000 personas.
Pablo Mascareñas y María Gómez son dos de los voluntarios que hacen posible esta iniciativa, de la que Dyana, británica residente en la Costa del Sol desde hace más de tres décadas, y Pepita, una nonagenaria malagueña, son beneficiarias.
Pablo vio un anuncio de la Fundación Harena en una parada de autobús y María en el hospital. Los dos lo tuvieron claro, querían aportar "su granito de arena y ayudar a los más mayores", cuenta Pablo a EFE.
Tras contactar con la fundación, Pablo conoció a Dyana y a su marido Bryan, hoy fallecido, y ahí comenzó su relación con esta pareja originaria de Manchestar (Reino Unido), que se mudó a Fuengirola (Málaga) a principios de los noventa.
Cuando los conoció, Bryan no se podía mover, le habían tenido que amputar una pierna y estaba en silla de ruedas y la situación sobrepasaba a su mujer.
Fueron "unos buenos amigos" del matrimonio los que contactaron con la Fundación Harena, recuerda Dyana, que sólo tiene palabras de agradecimiento para Pablo.
Hoy Bryan ya no está, pero el vínculo afectivo que se creó entre Pablo y este matrimonio británico perdura por lo que continúa con su voluntariado acompañando a Dyana.
La experiencia es "muy buena", asegura, "porque con el voluntariado recibes siempre más de lo que das", añade.
En ello coincide con María, a quien la Fundación puso en contacto con Pepita, "una abuelita muy alegre, que presumía de sus más de 90 años y que en junio cumplirá 94", indica.
Tras fallecer su pareja, la anciana continuó viviendo en su piso -una segunda planta sin ascensor- pero necesitaba ayuda para bajar las escaleras.
Sus hermanas, también mayores, no podían ayudarla y las responsabilidades de sus familiares más cercanos les impedían visitarla lo que les gustaría, comenta María.
"Al final Pepita se cayó estando sola y tuvieron que entrar los bomberos a rescatarla". Hoy continúa su recuperación en un centro para mayores y tras un tiempo en el que no ha podido recibir visitas, sigue en contacto con María.
En ciudades cada vez más pobladas, la Soledad No Deseada (SND), especialmente entre las personas mayores, se ha convertido en un grave problema de salud pública.
Un 20 % de los españoles sufren de SND, según los datos del último ´Barómetro de la Soledad No Deseada´, publicado en el portal del ´Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada´, una situación que se hace especialmente presente en jóvenes y mayores.
"Es la preocupación mayoritaria entre mayores de 65 años", indica la Junta de Andalucía en su Protocolo para la Detección de la Soledad No Deseada en Personas Mayores.
El aumento de la esperanza de vida, los cambios sociales y los cambios en la estructura familiar hacen que "cada vez sean más y durante más tiempo las personas mayores que viven solas", muchas de ellas por elección, "incluso cuando necesitan cuidados", precisa la Junta.
Por otro lado, los avances de la medicina y la farmacología, y los bajos índices de natalidad llevan a "un envejecimiento poblacional sin precedentes", destaca el profesor de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Granada, José Manuel Jiménez.
El incremento de los mayores en situación de dependencia y aislamiento social supone "una fuente de sufrimiento para quien la padece", explica Jiménez en su trabajo ´La soledad no deseada en España: un problema para la gestión de la Salud Pública y los cuidados familiares´.
Y el sentimiento de soledad que acompaña la ausencia de vínculos personales incrementa los riesgos para la salud física, psíquica y a la calidad de vida de las personas.
La Fundación Harena nació en Málaga en 2007 y a día de hoy cuenta con varios programas de apoyo y acompañamiento dedicados a la tercera edad cuyos objetivos son mejorar la calidad de vida de los mayores.
Dependiendo de la necesidad que tiene la persona mayor, explica a EFE la educadora y trabajadora social, Susana Serrano, que ejerce como técnico de Voluntariado en Harena, se plantea un tipo de acompañamiento, que puede ser domiciliario, telefónico, hospitalario o residencial. EFE
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