Paula Yue Alonso
Madrid, 20 feb (EFE).- María Schlegel (Valladolid, 1993), hija de un jugador de baloncesto y una atleta, es una de las figuras de la Real Federación Española de Voleibol. Traducido en patrocinios y visibilidad, acumula más de 300.000 seguidores en sus redes sociales. Llegó a los 18 a Madrid desde Asturias para estudiar INEF con una beca de atletismo, pero a los 22 años cambió el salto de altura por la red, y desde entonces viaja con la maleta a medio hacer por Italia, Estados Unidos y, ahora, Hungría. Siempre acompañada de su gato: Jackson Alessandro.
A sus 32 años, la española milita en el MBH-Békéscsabai RSE, donde sigue divirtiéndose con el voleibol como cuando era niña. “La mayoría de los deportistas que llegan a hacer del deporte su profesión es porque les apasiona”, cuenta en una entrevista a EFE desde la cocina de su casa en Hungría.
De pelo rubio ondulado, ojos claros y 1,80 de altura, es hija de Carmen Mosegui, atleta uruguaya de 400 metros, y de Mike Schlegel, jugador de baloncesto estadounidense de ascendencia alemana. De él heredó el apellido y de su abuela paterna, el nombre Priscilla, “con dos eles” apunta, que lo hace “más enrevesado todavía”.
Con familia alrededor de todo el globo, se crió en Piedras Blancas (Asturias), culpa de Alfonso Menéndez, campeón olímpico en Barcelona 92 en tiro con arco y la figura paterna con la que se crió desde los cinco años. “Alguna vez ha sacado el arco en casa y recuerdo ser capaz de abrirlo”, dice entre risas.
Lo suyo no fue la flecha ni, a pesar de vivir al lado del mar y verlo desde la ventana de su instituto, el voley playa, al que confiesa que es “malísima”. “Salto un cacahuete y requiere unas condiciones totalmente distintas y es muy diferente”, explica.
En realidad, ella iba para atleta de salto de altura. Había participado en el campeonato internacional de Europa y el del Mundo sub-18. Su camino iba por otro lado. Incluso se mudó a la capital para estudiar INEF en la residencia Joaquín Blume con una beca de atletismo.
Pero a los 22 decidió dejarlo por el voleibol. “Lo hice por salud metal porque ya no podía más (…). Fue muy difícil porque a esa edad tienes muy arraigada tu personalidad con tu deporte”, cuenta.
Desde entonces no ha parado. Compagina su carrera como jugadora de voleibol profesional con una faceta más emprendedora y creadora de contenido.
Comenzó impartiendo charlas deportivas en las que compartía su experiencia y, poco después, puso en marcha un campamento con el objetivo de que “los críos se relacionen y hagan nuevas amistades a través del voleibol”.
En paralelo, con la pandemia, también empezó a publicar en redes sociales contenido sobre ejercicios para prevenir lesiones, aunque, como ella misma reconoce, “sin estrategia alguna”.
“Yo quiero que mi deporte se conozca, que se le de valor (…). En general creo que las redes sociales bien hechas son un altavoz”, opina.
Cuatro años después, suma más de 300.000 seguidores entre TikTok e Instagram. “Yo creo que las redes sociales lo que te ayudan es a tener un alcance mayor de primeras en toda la parte de emprendimiento. Y luego (…) porque en mi época de atleta empezaba todo lo que eran patrocinios”, explica.
Ahora, con más experiencia, es embajadora de Clonapure, la creatina de última generación en el rendimiento de jugadoras de voleibol de élite que confiesa que fue un “match perfecto”.
La tercera máxima anotadora histórica de la selección española de voleibol femenino también se muestra optimista respecto al futuro de Las Leonas. Señala que en los últimos años se ha asumido casi con naturalidad la clasificación para los Europeos, algo que hace no tanto tiempo parecía impensable.
“Creo que ese paso que dimos en cuanto al Europeo, podemos poner como objetivo el estar en los mundiales”, afirma. “La Federación Española ha cambiado, tiene un nuevo presidente, están haciendo cosas diferentes entonces creo que hay que dar oportunidad a los cambios y a ver cómo se desarrolla”.
Schlegel, que siempre tuvo como plan A ser profesora, dentro de diez años se imagina de vuelta a España, siempre vinculada al voleibol y a la formación, pero sacando esa vena emprendedora que la “apasiona”. Mientras tanto, sigue echando de menos el mar y sumando kilómetros con su gato italiano Jackson Alessandro, que siempre la acompaña. EFE
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