'Malas ideas', un cómic sobre adolescentes que buscan en el grafiti urbano su identidad

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Begoña Fernández

Madrid, 6 feb (EFE).- Pasar de grafitera a dibujante de cómic no es lo más habitual, pero es el salto que ha dado la ilustradora Carlota Juncosa (Barcelona, 1984) que relata en su última novela gráfica, 'Malas ideas', una historia autobiográfica donde describe un mundo de adolescentes que buscan en el grafiti urbano su identidad.

En una entrevista con EFE, Juncosa explica que su paso del grafiti al cómic fue un proceso "largo y complicado" en el que nunca pensó cuando tenía 17 años y pintaba los muros de Barcelona, y al que llegó lentamente tras transitar por varias fases: diseño gráfico, Filosofía, programadora e instructora de 'mindfulness', una práctica para la reducción del estrés.

Cuando tenía 22 años, Juncosa se "empachó" de los lapices y de plasmar su firma en las paredes y eso, dice, que había comenzado a perfilar "unas letras muy bonitas de muchos colores, pero con trazos muy enrevesados que gustaban a la gente aunque no entendían qué decía, y que generalmente eran palabrotas en inglés: pussy (coño), por ejemplo".

Todo esto lo cuenta en su nueva novela gráfica, editada por Reservoir Books, que se sitúa en torno al año 2000 en Barcelona y donde Carlota se convierte en Lua, el alias con el que se introdujo en el mundo del grafiti de los 17 a los 22 años.

A los 25 empezó a dibujar de nuevo, echaba de menos los lápices y se volcó en la ilustración de cómic, primero en el mundo del fanzine y luego en la novela gráfica.

'Malas ideas' es su tercer libro y su primera novela cien por cien gráfica, detrás de 'Carmen de Mairena. Una biografía' (Blackie Books, Premio Junceda 2018) y 'El motor creativo' (Temas de Hoy, 2024).

En la novela gráfica, que Reservoir Books publica el 12 de febrero, una Carlota en pleno autoconocimiento busca su lugar en el mundo a través del grafiti.

"Era un mundo en el que todo estaba en pausa y no encontraba mi identidad. 'Malas ideas' es la fascinación por las cosas prohibidas, por transgredir las normas y por la desconfianza hacia todo lo convencional".

Juncosa divide su cómic en tres partes: la autobiográfica, entrevistas a otros adolescentes que comparten el mundo del grafiti y una tercera, más reflexiva, donde explora otras modalidades de arte urbano.

En esa parte más ensayista, la autora se refiere al caso de los 'hobos', trabajadores temporales y vagabundos en los Estados Unidos del siglo XIX que callejeaban por las ciudades utilizando para comunicarse códigos de pintura.

Se les llegó a considerar los precursores del grafiti ya que funcionaban con una comunicación gráfica secreta que dejaban en postes o vagones y donde daban pistas de lo que podían encontrar en su camino: escenas de crimen, posibles peligros o simplemente decir que alguien había estado allí.

Ademas de las pintadas de los 'hobos' que demostraban el apoyo mutuo, Juncosa se refiere, en este apartado histórico, al caso extremo del cirujano Simon Bramhall, quien reconoció haber grabado sus iniciales en los hígados de dos pacientes.

Bramhall se declaró culpable de asalto con agresión física y fue suspendido cuando otro colega de oficio descubrió que marcaba los órganos con su firma, cuenta la autora en su novela gráfica.

La ilustradora admite que existe una gran variedad de 'grafiteros escritores' (así es como prefieren ser llamados) desde los espontáneos que buscan composiciones originales en la ciudad hasta los que planean "una misión", con una estrategia.

Es el caso, dice, del legendario grafitero de Harlem (Nueva York) John 'Skeme' Dash, que del grafiti pasó al Ejército, donde estuvo 28 años: "Cuando volvió a la vida civil, retomó el grafiti y explicó que, en realidad, siempre había hecho lo mismo, cumplir una misión con visión de estratega".

Juncosa descarta posicionarse sobre si el grafiti está bien o mal y afirma que lo único que le interesa es como arte y como fenómeno "directamente relacionado con la sociedad en la que vivimos".EFE

(foto)