Tomás Frutos
Roma, 6 feb (EFE).- Todas las piedras de curling de Milán-Cortina tienen un denominador común. Granito escocés. De Ailsa Craig. Una isla deshabitada. Cada pieza, entre 700 y 1.000 euros. Unos 20 kg cada una. Todas diferentes. La mano artesanal no permite la réplica exacta. "No tengo ninguna, la buscaré en eBay", confiesa a EFE Mikel Unanue, jugador profesional de curling, junto a su pareja, Oihane Otaegi.
Historia curiosa la de este deporte que cada vez que llegan los Juegos de Invierno salta a escena. Es uno de los más populares. Y lo que hay detrás, hasta misterioso. Una 'isla fantasma'. Cantera escocesa. Un granito especial. Único. El pequeño territorio de un kilómetro cuadrado abastece a un deporte en auge.
"El curling comienza con piedras de los ríos. A medida que pasaban los años necesitaban piedras menos porosas para que no entrase humedad y no se partiesen como las primeras. El curling era muy famoso en Escocia y de repente descubrieron esta isla con condiciones únicas en el mundo. No es que esté abandonada. Hay una empresa que dedica mucho dinero a sacar granito", explica Unanue.
La empresa es Kays Scotland. Fundada en 1851. Más de 170 años abasteciendo de granito del máximo nivel. Artesanos que elaboran cada pieza a mano. Por eso cada una tiene sus peculiaridades. "El fallo humano", dice Unanue. Cada set, de 16 piezas, tarda en fabricarse entre dos y tres meses. Y cada pieza cuesta entre 700 y 1.000 euros. En total, entre 12.000 y 16.000 euros.
"Es una historia atractiva por cómo es todo este proceso de la piedra. Por lo difícil que es hacerlo. Y por el fallo humano. No todas son iguales. Unas pueden pesar más que otras. Tenemos que estar muy atentos para apuntar la particularidad de cada piedra cada vez que llegamos a la competición", comenta.
Cada pista, cada torneo, cada país juega con sus piedras. La mayoría de esta isla. Algunas con otro granito de Gales o Canadá. De mucha calidad también. Algo más barato. Pero no tan especial. No tan bueno.
Para la creación se extraen dos tipos de granito. Ailsa Craig Common Green Granite y Ailsa Craig Blue Hone Granite. "Uno es para la parte de abajo de la piedra, cóncava, que necesita algo resistente y que aguante la fricción. El otro es más flexible para aguantar el impacto. Parece que tiene dos colores", describe Unanue.
"Cada una pesa 20 kg. No tengo ninguna. Cada pista tiene sus piedras. Esto lo hace especial. Cada vez que llegas tienes que obtener información para sacar el máximo beneficio. Me gustaría tener una. La buscaré en eBay. Lo que sí tengo es el granito. Cuando obtuvimos plata en el Mundial de 2019 y 2023, nos dieron granito", comenta.
"El proceso es complicado. En mi caso era nadador. Mi pareja, Oihane Otaegi, practicaba curling. Empezó a viajar por España y un poco internacional. Comencé con ella poco a poco. La cosa era pasar el tiempo y pasarlo bien. Nuestro apetito competitivo fue creciendo y hemos estado en dos ciclos competitivos (Corea 2018 y Milán-Cortina 2026)", explica.
Por el momento, no ha habido representación española olímpica: "El pasaporte es muy complicado".
"Soñar es gratis. Y es muy bonito. Pero hay que ser realista. Las condiciones de España no son fáciles. No hay pista de hielo dedicada al curling salvo Jaca (Huesca) algunos meses. Decidimos tener la base en España y competir en el extranjero. Para llegar al siguiente nivel hay que vivir en otro país", apunta.
"Es un deporte extremadamente visual, estético. Hipnotiza. Lo comparo al ciclismo en verano. Mucha gente no lo sigue hasta que llegan el Giro, La Vuelta y el Tour. Con el curling pasa. La diana te hipnotiza. Las piedras, el sonido, el color del hielo, la gente barriendo... todo lo estético", describe.
La competencia es brutal, especialmente con países nórdicos: "Ellos son de alto nivel. El punto más alto. En estos países no hay broma. Hay que estar al 100%. El curling es maravilloso. Lo puede practicar todo el mundo. Pero en el momento en el que se habla de JJ.OO., o sacrificas tu vida o lo que se encuentran son derrotas".
"En el momento en el que se convirtió olímpico la palabra profesionalización apareció y la exigencia es fortísima. Pero de aquí al siguiente o siguientes, si las cosas se hacen bien, si hay infraestructura, deportistas comprometidos y sacrificio puede ocurrir", añade.
"Ojala niños y niñas, gente mayor también, vean el deporte y digan que quieren hacerlo. En ese momento, el camino para los JJ.OO. se abrirá más que nunca", ponderó. EFE


