Javier Rodrigo
Pamplona, 22 ene (EFE).- Cuando el mes de enero ya está bien avanzado, los propósitos que nos hicimos para el nuevo año, convencidos de nuestra fuerza de voluntad inquebrantable, comienzan a flaquear cuando no a disiparse sin dejar rastro. ¿Por qué no consigo cumplir mi propósito de dejar de fumar, de ir al gimnasio o de ahorrar algo de dinero? La psicología tiene la respuesta.
No es tanto por falta de voluntad como por falta de planificación, ha explicado en una entrevista con EFE la profesora de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, Leyre San Martín.
Cada inicio de año, ha afirmado la psicóloga, "existe una tendencia universal a plantearnos nuevos propósitos. Las personas necesitamos rituales de transición que nos ayuden a ordenar nuestra experiencia, a abrir nuevos ciclos y cerrar otros".
La psicóloga considera que los propósitos pueden entenderse como "una conversación entre el yo actual y el yo ideal" y de esta forma "por sí mismos son beneficiosos, es decir, nos ayudan a alcanzar eso que queremos llegar a ser, pero cuestan, y hay veces que llegar hasta ahí no es fácil".
"Empezamos el nuevo año con un pico de motivación, pero la motivación va bajando. Es natural", ha enfatizado.
Entonces, ¿qué hago mal? Para San Martín, más que falta de voluntad es un problema de falta de planificación. Según ha destacado, una de las principales causas de abandono es que "tendemos a hacer propósitos pretenciosos, poco realistas y muy abstractos".
El truco estaría en pensar bien qué propósitos queremos alcanzar este año, seleccionarlos y ordenarlos por su importancia. "Esto nos va ayudar, en momentos en los que quizá tengamos más dificultades o no tengamos tanta motivación, a saber dónde poner la poca energía que tenemos", ha comentado.
Y cuanto más específicos seamos, mejor. Es decir, no nos planteemos "ahorrar algo", sino, por ejemplo, ahorrar 50 euros al mes. Estos propósitos concretos, ha subrayado, "nos van a ayudar a medir el progreso, a ver si lo estamos consiguiendo durante el proceso, a motivarnos más porque podemos tener muestras objetivas de que lo estamos logrando".
También ayuda no copiar los propósitos de otros o asumir los "típicos", sino plantearnos los que encajen con nuestras metas y valores personales.
Aunque cada maestrillo tiene su librillo, ha recalcado San Martín, contar a los demás cuál es nuestro propósito suele funcionar: "Hacer partícipes y hacer testigos a las personas de nuestro entorno de que nos hemos comprometido a eso nos puede ayudar en aquellos momentos en los que estamos flaqueando un poco más".
Tampoco es mala idea ponernos incentivos, pequeños premios en lo que debemos considerar como un camino que puede ser enriquecedor. Para San Martín, "tenemos que ver esos propósitos como un proceso de aprendizaje, de desarrollo de otras habilidades, otras aptitudes que quizás no sabíamos que tenemos".
"Hay que ver ese propósito, esa meta, como un camino para conocernos más, para desarrollar partes de nosotros que quizá teníamos más escondidas", ha aseverado.
Si a pesar de todo no logramos alcanzar el objetivo, ha puntualizado la psicóloga, hay que saber interpretar la situación y ver "si es un fracaso de verdad o es una interpretación nuestra de abandono, de autoexigencia, de exceso de culpa, que nos paraliza y no nos permite seguir avanzando".
Y un último consejo: los propósitos para año nuevo también pueden estar orientados a los demás, como socializar más o apoyar a una ONG. "Por supuesto, somos personas sociales y el compartir y el dar a los demás también nos hace ser mejores", ha declarado San Martín. EFE
(foto) (vídeo)

