Paula Yue
Madrid, 16 ene (EFE).- Olivia Smart y Tim Dieck, premio al mejor vestuario en 2025 por su danza libre “Dune”. Detrás del éxito, Mathieu Caron, fundador del estudio Feeling. El precio de sus creaciones suele oscilar entre los 800 y los 2.000 dólares. Dedica entre 10 y 15 horas a investigar y diseñar. Después, entre 50 y 80 horas para la confección. Corte, costura, ajustes, pintura, pedrería… Su idea, según explica a EFE, “ayudar a los atletas a lograr el oro”.
Olivia Smart y Tim Dieck recibieron el premio en marzo de 2025 de la Unión de Patinaje Internacional (‘ISU’, por sus siglas en inglés International Skating Union’). Los primeros patinadores españoles en lograr un premio de la ISU y que ahora compiten en los Campeonatos Europeos de Sheffield (Reino Unido).
Detrás de este reconocimiento, tiene una gran responsabilidad el estudio Feeling y su fundador Mathieu Caron, responsable de dar vida a los trajes de Dune y Dune 2 de la pareja española, que compite actualmente en los Campeonatos Europeos de Sheffield (Reino Unido).
El diseñador de origen canadiense conoce el baile tan bien como la aguja, cuyos inicios se remontan a la cocina de sus padres, donde confeccionaba sus propios trajes de baile de salón. Desde el inicio, se quedó “impresionado por el glamour de los trajes y la pedrería”, cuenta en declaraciones a EFE.
“Creo que eso es parte del éxito, porque también hice coreografía y enseñé danza. Eso me permite entender cuando coreógrafos o entrenadores hablan de detalles relacionados con el aspecto artístico o la interpretación”, explica.
El vestuario de Olivia Smart, diseñado originalmente por la también patinadora artística Maddison Chock, fue rediseñado y confeccionado por el estudio de Caron. Por su parte, el traje de Tim Dieck fue creado íntegramente por Feeling, un proceso en el que, según el diseñador, hubo espacio para la “innovación” a través de la música y la experimentación con nuevos “tipos de costura”.
Trajes en los que se buscó innovar y explorar distintas técnicas, siempre con el cuidado de que no restrinjan los movimientos de los patinadores. El reto está en lograr piezas visualmente impactantes, añadir volumen o destacar ciertas zonas del cuerpo sin comprometer la funcionalidad. “Esa es la parte más difícil”, asegura.
“Lo ideal es contar con seis u ocho semanas para crear un traje, porque así tenemos más margen para investigar y probar cosas”, señala Caron sobre el proceso de diseño de un ‘maillot’, aunque reconoce que sigue recibiendo encargos para los Juegos Olímpicos, incluso a solo tres semanas para su comienzo.
El precio de sus creaciones suele oscilar entre los 800 y los 2.000 dólares, aunque el diseñador subraya que el coste no se limita a la prenda en sí, sino al tiempo invertido. “Podemos dedicar entre 10 y 15 horas solo a investigar, diseñar y reunirnos. Después, empleamos entre 50 y 80 horas en la confección”, detalla.
Ese proceso incluye el corte, la costura, los ajustes, la pintura, la pedrería y la superposición de capas de color. En la mayoría de los casos, solo existe un traje por programa, de modo que cuando llegan a los Juegos Olímpicos ya ha sido utilizado entre ocho y diez veces. “Hay que cuidarlos”, insiste.
Admite que pueden producirse accidentes, algo que considera “muy desafortunado”. A veces se deben a un “fallo técnico”. Para evitarlos, el estudio realiza exhaustivos controles de calidad. “Hacemos dobles correas o refuerzos adicionales para asegurarnos, porque es fundamental que los atletas no tengan que pensar en el vestuario mientras actúan”, apunta.
“Estamos aquí para ayudar a los atletas a alcanzar el oro o lo que se propongan (…). No se trata de que mi diseño no sea adecuado, sino que a veces tenemos que cambiar la falda porque los entrenadores o los atletas sienten que la coreografía ha cambiado por completo”, concluye Caron. EFE

