Adaya González
Madrid, 16 ene (EFE).- Lucía tiene 10 diez años y hoy, cuatro meses después de estrenar un riñón nuevo, hace vida completamente normal, come chocolate y jamón, juega al fútbol y piensa hacerse de mayor cirujana o diseñadora de moda. Tiene además una hermana que se echó en el hospital, Daniela, a la que un mismo donante también salvó la vida.
La pequeña ha puesto este viernes voz a una de las 3.999 personas que recibieron en 2025 un trasplante renal durante la presentación del balance de 2025 de la Organización Nacional de Trasplantes, que mantiene a España como líder indiscutible en esta actividad desde hace 34 años.
Hace diez años, Lucía nació con una enfermedad neurodegenerativa. "Ya sabíamos intraútero que iba a tener problemas que fuimos resolviendo etapa por etapa, y sabíamos que la solución al tratamiento final iba a ser un trasplante", ha relatado su padre, Javier.
Durante años se prepararon para el momento con los doctores que seguían su patología, y aunque siempre ha tenido una calidad de vida muy buena, "al final ya corría un riesgo importante".
De modo que decidieron meterla en lista de espera en junio; como era algo larga, decidieron irse de vacaciones pero, nada más volver, el 2 de septiembre, llegó la llamada. Y el 20, estaban en casa "extraordinariamente bien" tras un trasplante "complicado".
Aunque la operación "fue muy bien al principio", se presentaron una serie de complicaciones que requirieron cuatro intervenciones más, "con todo el equipo involucrado operando fines de semana, de madrugada, espectacular".
Volvieron a casa por Navidad, el 25 de diciembre. "La fortaleza en los niños es impresionante", enfatiza.
Apenas cuatro meses después, aunque no lo ha dicho en el cole, Lucía está bien, cuenta la propia pequeña. Recuerda que lo primero que pidió nada más salir de la uci fue un Cola-Cao, y ya ha abandonado la dieta especial y come chocolate y jamón con total normalidad.
Juega incluso al fútbol, de portera. En febrero pretende retomar las clases y de mayor quiere ser cirujana o diseñadora de moda. Tiene además una nueva hermana, Daniela, con la que se despertó en la misma habitación tras ser intervenida para ponerle el otro riñón del donante.
Laura es otra cara detrás de los números; en su caso, de los 556 trasplantes de pulmón que se hicieron el año pasado.
Ella tiene EPOC, y en una de sus visitas a España desde Estados Unidos, donde reside con su marido, se puso "muy malita".
De ahí acabó en la lista de espera. La vida cambió cuando el coordinador de trasplantes le comunicó, en medio de una siesta, que tenía dos pulmones para ella, rememora emocionada.
Hoy puede ducharse con vaho y subir escaleras. Es un "bebé de dos meses" gracias a los profesionales, sus "ángeles", y a una sanidad pública que hizo posible una operación que en Estados Unidos tendría que haberse costeado ella. "No tenemos nada que envidiarles", recalca.
Pero sobre todo, Laura quiere agradecer su gesto a la persona que la salvó al darle sus pulmones y a la familia que lo consintió: "Todos, todos, todos los días pienso en el donante, que lo tengo aquí conmigo, y todos, todos, todos los días pienso en su familia. Ellos su pena la deben tener todos los días, pero a mí me han dado la vida", asegura. EFE

