Fiona Pinar, atleta paralímpica: "Tras la amputación me quiero mucho más"

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Sant Cugat del Vallès (Barcelona), 11 ene (EFE).- Fiona Pinar tenía 18 años cuando perdió la pierna izquierda en un accidente de esquí. Lejos de lamentarse, se convirtió en tiempo récord en atleta paralímpica y hoy, con 22, asegura que si algo ha ganado tras la amputación ha sido autoestima: "Ahora me quiero mucho más y estoy mejor conmigo misma".

La historia de esta joven de Ripoll (Girona) es un ejemplo de resiliencia, positivismo y superación. Tan solo ocho meses después de ponerse la primera prótesis en la pierna, consiguió un diploma en los Juegos Paralímpicos de París 2024 por su séptimo puesto en la final de 200 metros T64.

Su meta ahora es ganar una medalla en Los Ángeles 2028, explica a EFE desde el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, donde vive y entrena desde hace algo más de un año gracias a una beca.

"Mi trabajo ahora es ser deportista y soy muy perfeccionista en todo lo que hago. Quiero ser la mejor y sé que sin trabajo y constancia no voy a llegar a ningún sitio", afirma la atleta, que compite en las modalidades de 100 y 200 metros.

Pinar recuerda perfectamente el día del accidente, el 22 de enero de 2022, a pocos días de cumplir 19 años. Estaba esquiando en la estación de La Molina con unas amigas cuando en una bajada que siempre evitaba porque le daba "un poco de miedo" no pudo frenar debido al hielo y acabó sufriendo una grave caída. Al intentar levantarse vio que no llevaba la bota izquierda y que "el pie estaba hacia un lado y la rodilla hacia otro".

Se había fracturado el peroné y la tibia por tres sitios y tuvo que pasar por varios hospitales y siete operaciones, entre ellas la amputación de la pierna. Pinar explica con sentido del humor cómo una enfermera le animó a despedirse de la rodilla, por si no la podía conservar tras la intervención: "Me di un beso en la rodilla y dije: ojalá vuelvas".

Entró a quirófano esperanzada de que mantendría la rodilla, así que cuando despertó de la anestesia y comprobó que así era, lloró "diez minutos" con sus padres, asimiló su nueva realidad y comenzó a soñar, estando aún en la UCI, con participar en los Paralímpicos de París.

"Creo que en el fondo ya sabía que iba a despertarme así, por eso no fue un choque tan grande. Recuerdo el momento del llanto y ya después como que me despierto en otro momento hablando con mi madre de ir a unos Juegos", rememora Pinar.

Aficionada desde pequeña a deportes como el tenis, el esquí o la natación, la catalana se volcó en el crossfit tras la operación, pero descubrió su verdadera vocación tras empezar a correr con una prótesis de fibra de carbono que le costó cerca de 8.000 euros. Hoy es una de las jóvenes promesas del paralimpismo español para Los Ángeles 2028.

"Siempre había hecho deporte, pero nunca a nivel profesional, y puedo decir que ha sido mi terapia y mi medicina", comenta Pinar, que sostiene que el accidente le permitió dejar atrás los complejos, dedicarse a lo que le apasiona y poner en valor lo realmente importante.

"No me da miedo mostrarme como soy, antes sí. Ahora me quiero mucho más y estoy mejor conmigo misma", remarca la velocista: "Solo he ganado después del accidente, no he perdido nada".

Reconoce, eso sí, que los primeros meses tras la amputación le daba cierto reparo enseñar públicamente el muñón, pero llegó un día en que, animada por su novio, dijo "hasta aquí" y enterró la vergüenza para mostrar su pierna izquierda tal cual es ahora.

Fiona Pinar, que es muy activa en redes sociales, donde muestra su día a día como atleta paralímpica, y es imagen de importantes marcas, asumió su nueva condición física de forma casi automática, "en un pim pam", pero recuerda que cada persona tiene sus tempos y nadie se tiene que frustrar por ello.

"Cada uno tiene su 'timing' y su proceso, no te tienes que presionar por estar mal", defiende la joven, que tampoco precisó de ayuda psicológica. "Llorar" por su pierna fue su mejor terapia.

"Pero que yo no la haya necesitado no significa que otros no la necesiten. Los psicólogos y los psiquiatras están para algo", apunta.

Pinar vio desde el primer momento su amputación como una oportunidad, no como un problema o una limitación, y entendió rápidamente que quejarse no iba a cambiar la situación. Como dice siempre, en el accidente perdió una pierna, pero ganó una vida. Nació una nueva Fiona. EFE

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