
La proyección de pena supera los setenta años de prisión y podría alcanzar casi un siglo tras la inclusión de agravantes en el proceso. Así quedó fijado tras el cierre del juicio contra Antonio A. V., conocido como “el Pelicot español”, y Fernando O. V., en el que la acusación particular ha elevado su petición inicial a casi cien años, argumentando alevosía, parentesco, abuso de confianza y superioridad. Esta demanda ha sido expuesta por el abogado de la acusación, Alberto Martín, quien además anunció que, tras la sentencia, solicitará el ingreso inmediato en prisión preventiva de Antonio debido al alto riesgo de fuga y a la gravedad de los delitos atribuidos. El fiscal, por su parte, ha sostenido una solicitud de 70 años de cárcel por tres delitos de abuso sexual, coacciones, exhibicionismo y abuso a menores de 16 años, según informó el medio El Mundo.
Durante la fase final del juicio, la Sala exhibió una grabación de audio remitida por el acusado a su pareja, abuela de las víctimas, en la que reconocía conductas abusivas y describía su obsesión por una de las menores. En la grabación, Antonio admitía: "La acaricié. Me atraía y la toqué el pecho. Estaba obsesionado con ella. Es una droga la mierda ésta. No pensaba en hacerla daño. La obsesión es en tocarle sus partes íntimas. A mí también me duele. Lo estoy pasando mal. No podía evitarlo tampoco". A pesar de este contenido, según publicó El Mundo, el acusado negó los abusos sexuales tanto en su declaración como durante el interrogatorio de la Fiscalía y afirmó que nunca había tocado a las niñas ni las había drogado.
El acusado relató que solía recoger a las menores en la escuela y acompañarlas a un parque, pero rechazó cualquier implicación sexual, asegurando que la voz del audio presentado sí era de él, pero justificó su contenido alegando que atravesaba un mal momento psicológico cuando lo envió. Durante el intercambio con la fiscal, Antonio insistió en su inocencia y reafirmó su vínculo familiar con las niñas, visiblemente afectado cuando le preguntaron si las había agredido sexualmente. Según detalló El Mundo, una de las menores habría declarado que sufrió agresiones en al menos treinta ocasiones y que, tras los hechos, se hallaron restos de cocaína en el cabello de las niñas a pesar de la negativa de Antonio sobre el suministro de batidos adulterados.
El otro acusado, Fernando O. V., declaró ante la Sala que no mantenía una relación de amistad con Antonio y negó haber participado en los hechos, su asistencia a la casa abandonada donde supuestamente ocurrían los abusos y la administración de batidos a las menores. Durante la instrucción, Fernando admitió que había coincidido con Antonio en el parque donde, según la fiscalía, existía una casa abandonada utilizada como lugar para los presuntos tocamientos, pero reiteró ante la Sala que "jamás he ido a esa casa" y rechazó todas las acusaciones.
Según consignó El Mundo, el proceso cuenta con informes periciales en los que dos psicólogas designadas por la defensa expusieron que Antonio padece un trastorno cognitivo no especificado, vinculado con una deficiencia estructural en su personalidad. Además, se recogió el testimonio tras un biombo de una adolescente de quince años, prima de las víctimas, quien relató un episodio observado en una piscina. Ella detalló que vio a una de sus primas sentada en una actitud extraña junto a Antonio mientras le mostraba algo en el móvil y cómo a partir de ese momento evitó el contacto con él por temor. La misma testigo refirió que una de sus primas le confesó que era llevada a un cobertizo, vestida con disfraces sugerentes, donde sufría violaciones y era obligada a ingerir batidos.
La fiscalía atribuye a los procesados la violación continuada de las nietas de la pareja de Antonio desde finales de 2020 hasta agosto de 2022. Los hechos supuestamente incluían administración de zumos mezclados con droga y la utilización de disfraces, como trajes de conejo o de enfermera, según detalló El Mundo. Durante este periodo, las menores tenían seis, ocho y diez años. Según las pruebas preconstituidas reproducidas por el tribunal, las niñas narraron que los abusos ocurrían diariamente y que los zumos que les eran suministrados tenían un sabor desagradable.
De acuerdo con lo informado por El Mundo, las declaraciones de las víctimas también refieren que en ocasiones les administraban pastillas blancas tras las cuales no recordaban los hechos. Las acusaciones sostienen que Antonio realizaba diferentes actos de carácter sexual, entre ellos besos, tocamientos de senos y partes íntimas, la introducción de dedos en la vagina y la masturbación en presencia de las menores. Los lugares señalados por el Ministerio Público comprenden la piscina del domicilio de Antonio en Serranillos del Valle, la vivienda familiar y un parque conocido como Skatepark.
El fiscal sostuvo que las drogas suministradas de manera oculta tenían como objetivo suprimir la voluntad de las niñas y borrar cualquier recuerdo del abuso. Las niñas relataban además que el acusado ejercía intimidaciones, advirtiéndoles que si desobedecían les haría daño a sus hermanas menores, o que aparecerían muñecos bajo sus camas, incluso amenazas de muerte, lo que generaba en ellas un estado de miedo permanente.
Según El Mundo, Antonio permaneció dos años bajo prisión preventiva antes de quedar en libertad bajo fianza, ya que ni la fiscalía ni el anterior letrado de las víctimas solicitaron la extensión de esa medida cautelar. Ahora, tras los informes finales y la vista oral, el caso fue declarado visto para sentencia, quedando a la espera de resolución judicial.
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