Valladolid, 1 jun (EFE).- La 58ª edición de la Feria del Libro de Valladolid ha rendido homenaje este domingo al escritor Mario Vargas Llosa con una conversación a cuatro voces en la que se ha destacado el lado más humano, su pasión por la vida, sus visiones políticas o la admiración que el Nobel sentía por Gabriel García Márquez 'Gabo'.
En la mesa 'Evocación de Mario Vargas Llosa (1936-2025)', celebrada en el marco de la feria, han participado el periodista y editor de algunas sus obras Juan Cruz, el ensayista colombiano Carlos Granés, el escritor peruano Santiago Roncagliolo y la poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, María Ángeles Pérez.
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Juan Cruz ha destacado que Vargas Llosa era "una de las personas que mejor habló con otros" y le ha calificado como "una de las más potentes voces del siglo XX, no solo de la lengua española".
Cruz ha lamentado que su apoyo a algunos sectores de la derecha le haya señalado ante la opinión pública y ha valorado su compromiso político ante lo que "le desagradaba", que ha ejemplificado en su obra 'Israel/Palestina: paz o guerra santa' (2010), "un pequeño talismán", ha dicho, donde denunciaba la ocupación israelí de los territorios palestinos.
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También ha hecho referencia su relación con otro Nobel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez, rota tras una pelea en 1976, pese a lo cual siempre estuvieron unidos por una "admiración mutua extraordinaria".
"Todo lo que Mario y 'Gabo' hicieron en torno a la literatura nunca fue manchado por ningún hecho", como quedó plasmado en el libro de Vargas Llosa sobre 'Cien años de soledad', ha destacado Cruz.
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El ensayissta Carlos Granés ha destacado la "contradicción humana" como tema central de Vargas Llosa, una frustración fruto de sentir que "el Edén está a la vuelta de la esquina", pero las personas "están llena de flaquezas y debilidades", una experiencia que sirve de detonante de la ficción.
El escritor peruano Santiago Roncagliolo se ha proclamado “huérfano” tras el fallecimiento de Vargas Llosa y ha destacado que “siempre fue muy cercano y siempre trató a los escritores como iguales”, al tiempo que ha valorado que, pese a las discrepancias, “siempre se podía hablar con él”.
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Roncagliolo ha remarcado "el titánico volumen de trabajo que consideraba habitual, lo que incluía la escritura y la participación pública" porque, en su opinión, "temía convertirse en una estatua" por lo que su actividad se desplegó aún más cuando ganó el Nobel de Literatura.
"No podía vivir sin esa intensidad", ha manifestado, lo que llevó a enamorarse "como un adolescente" pese a tener más de 70 años y ha destacado que era inspiradora "su capacidad de hacer de su vida la de un personaje de novela, con aventuras hasta el final".
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Sin embargo, ha apuntado al carácter quijotesco de su fallecimiento, que como el personaje de Cervantes volvió a su hogar "a apagarse", a "su barrio de toda la vida" en el distrito limeño de Barranco. "Es el final de Alonso Quijano y me parece que es el final más adecuado a la vida".
fsm/aam-srm
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