Carlos Alberto Fernández
Vigo, 7 mar (EFE).- En 1985, un grupo de madres coraje que veían a sus hijos caer en un mundo oscuro que desconocían, el de la drogadicción, impulsaron en Galicia la Asociación Érguete para intentar levantarles, como dice su nombre en gallego; emprendieron así una dura batalla que, con otros nombres de uno y otro lado, sigue activa cuatro décadas después.
Una de aquellas mujeres que germinaron Érguete es Dora Carrera. Ahora tiene 92 años, pero recuerda como si fuera ayer, con dolor y emoción, cómo los estupefacientes y el VIH se llevaron a uno de sus seis descendientes, Esteban. Ella explica a EFE aquella misión que emprendieron sin tener idea de a qué se enfrentaban.
"Estábamos a ciegas, éramos amas de casa, trabajadoras", señala en la sede de este colectivo en Vigo. De hecho, al principio pensaba que a su hijo le había sorprendido con un paquetito de flores para su novia porque él era un "romántico". En cambio, lo que había hallado en su ropa era droga.
En Érguete, la "llave maestra", como ella misma la apodó, fue Carmen Avendaño, una mujer con muchas tablas y dos hijos drogodependientes. Se convirtió en activista y, en la década de los noventa, política en las filas del PSOE -fue concejala en Vigo y diputada provincial-.
Las fundadoras buscaron apoyo en los políticos, trasladaron el problema que había en las familias, lograron que las escucharan, también los jueces, y encararon a los narcos.
Acudían allá donde se vendieran estupefacientes, sin miedo, detrás de pancartas reivindicativas pintadas a mano sobre sábanas, que estos días están expuestas en el Museo MARCO de Vigo como parte de la muestra 'Érguete. La huella de las madres, un grito que cambió la sociedad'.
Algunas llegaron a pasar una noche en el calabozo en esa lucha que protagonizaron y que tuvo uno de sus momentos más representativos delante del Pazo Baión. Rodearon el palacio del que hacía alarde el narcotraficante Laureano Oubiña. Gritaron 'Basta ya'.
"Allí montamos la de Dios", confiesa Dora, que años más tarde, en 2008, celebró cómo aquella finca, embargada a Oubiña, se convertía, con nuevos dueños, en referente del enoturismo. "Conseguimos muchísimas cosas", dice con orgullo, el mismo con el que celebra que la asociación haya tenido continuidad. "Érguete quiere decir levántate y está levantada", sentencia.
Rosa -nombre ficticio porque prefiere conservar el anonimato- es una de las usuarias actuales y para ella la asociación es, "metafóricamente, un bastón, un apoyo para reinsertarse en la sociedad", según indica a EFE.
Érguete le presta ayuda psicológica, terapéutica, jurídica e incluso económica al ayudarle a ahorrar. Cayó en la droga hace diez años y a los problemas de adicción se sumaron los familiares, los económicos y los de autoestima, arrastrados desde la infancia.
"Me desprotegí en todos los sentidos y caí en un abismo", reconoce. Y eso que, en su caso, la familia no le dio la espalda.
Las únicas amistades pasaron a ser las del consumo, que se llevaron por delante a una mujer muy carismática, agradable, alegre y a la que le gusta la vida, como ella misma se define. Con la droga, dice, "no vives la vida, te destruyes a ti misma y a tu persona, a tu familia y a todos los que están a tu alrededor que quieren ayudarte".
La combatió en una comunidad terapéutica y, ya en Érguete, hace un par de meses decidió drásticamente cortar todo vínculo con el consumo, rompiendo con esos 'amigos' y evitando transitar por lugares de Vigo donde sabe que hay gente consumiendo.
Se acuerda de las fundadoras de la asociación, esas "madres que al final lucharon contra la droga por sus hijos". Las considera "un ejemplo de mujer y de feminismo" al que ahora da continuidad la coordinadora, Elvira Rivas, para quien "es un honor, un privilegio y una responsabilidad" haber recogido el testigo de aquellas mujeres que dejaron "el listón muy alto".
Érguete -apunta Rivas a EFE- es una puerta que siempre permanece abierta para todas las personas que acuden a la asociación. Pero también es una plataforma de denuncia social porque el problema de las adicciones no se ha solucionado.
Aunque las fundadoras lograron reivindicar los derechos de las personas con adicciones y consiguieron recursos o que se impulsaran reformas del código penal, la directora advierte de que la droga sigue entrando y la gente sigue consumiendo.
"No hemos dado con el quid y además se han incorporado nuevas adicciones, porque cualquier adolescente o menor de 9 o 10 años, tiene en sus manos un móvil que te abre a un mundo que ellos no saben gestionar", señala.
Para la coordinadora, cualquiera de las pancartas que están en la exposición del MARCO podrían y deberían salir hoy a la calle porque la situación "no ha cambiado tanto" en 40 años.
En vísperas del 8M, tanto Elvira como Rosa hacen hincapié, además, en lo que entraña caer en la drogadicción siendo mujer. "Si ya de por sí estamos muchas veces invisibilizadas, las mujeres con adicciones lo están doblemente y también estigmatizadas", aseguran.
Alertan, además, que la necesidad económica por la droga puede llevarlas a ser prostituidas o sufrir agresiones sexuales. EFE
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