Barcelona, 5 mar (EFE).- Dos mujeres que trabajaron en el geriátrico de Sant Quirze del Vallès (Barcelona) acusado de desatender a los ancianos han subrayado en el juicio que la comida servida era escasa y que había quejas, frente a una tercera exempleada que ha defendido que la calidad de los alimentos era correcta.
La Fiscalía solicita penas de hasta 47 años de prisión para cuatro responsables de la residencia Sanlisart acusados de haber desatendido a una veintena de ancianos, al menos entre 2015 y 2016, que presentaban signos de desnutrición severa y pésimas condiciones higiénicas.
En la segunda sesión del juicio celebrado en la Audiencia de Barcelona, distintas extrabajadoras del centro han explicado cómo fue su paso por el mismo, con discrepancias sobre la comida y la atención a los pacientes en temas de higiene.
Dos de las trabajadoras han explicado ante el tribunal que la comida, muchas veces, era escasa, con quejas de los ancianos por el producto servido, quienes de forma habitual no tenían opción a repetir.
Una de ellas, que ha explicado que únicamente estuvo un mes en la residencia y en el turno de tarde, ha relatado que los alimentos venían de un catering, con instrucciones de cómo debían calentarlos y servirlos, y quejas "de escasa comida" por parte de los abuelos.
"¿Tenían autorización para darles más? No, que yo recuerde, no", ha manifestado la mujer sobre la posibilidad de repetir.
Sobre cómo era la atención a los ancianos, ha manifestado que, al ser únicamente dos personas en su turno en Sanlisart, a veces "el tiempo era muy limitado", aunque ha afirmado que disponían de suficiente material para la atención de su higiene.
Otra testigo, que ha reconocido estar dolida con dos de los acusados, ha sido más dura, al asegurar que muchas veces tenían que utilizar material de otros residentes para lavar a algunos de los ancianos, puesto que escaseaba el material.
En relación con la comida, ha manifestado que tenían que controlar la cantidad justa con cada abuelo, sin que tuvieran posibilidad de repetir.
Una visión distinta a la de otra extrabajadora, que estuvo un año en el centro, quien ha manifestado que la comida "era de calidad" y que las posibles protestas eran más por si les gustaba o no el plato, aunque "en general se lo comían y no había ninguna queja".
"Alguna vez lo habíamos comido y lo que es la calidad estaba bueno", ha revelado la empleada. EFE
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