Madrid, 11 feb (EFE).- "Un mar en silencio es un mar muerto", explica el catedrático y director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universidad Politécnica de Cataluña, Michel André, que ha organizado la exposición inmersiva 'Ecos del Océano' inaugurada este martes en colaboración con el colectivo londinense Marshmallow Laser Feast.
La exhibición, que puede visitarse en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, constituye un "hito" porque permite adentrarse "en el contexto acústico del mar" y demuestra "la importancia del sonido para los habitantes del mar" a través de imágenes generadas con inteligencia artificial y grabaciones sonoras de especies marinas en distintos puntos del planeta.
El montaje incluye una gran instalación audiovisual envolvente de doce pantallas que "acerca a la manera en la que los cetáceos perciben la realidad a través de la escucha" y a través de sus salas el espectador es guiado por el sonido de delfines mulares, ballenas jorobadas, cachalotes y ballenas grises.
"Es como una meditación que invita a entrar en el asombro de lo que especulamos que podría ser habitar el océano", ha declarado el portavoz del colectivo británico, Ersin Han Ersin.
Dentro de la ballena
La pieza central, 'Seeing Echoes in the Mind of the Whale' (Viendo ecos en la mente de la ballena), muestra el movimiento progresivo de los cetáceos desde la superficie hasta las profundidades del océano en una instalación envolvente en coproducción con el Museu del Disseny de Barcelona.
Además, una composición escultórica, sonora y lumínica compuesta por 200 piezas de vidrio soplado recrean "la migración vertical" de la infinidad de organismos que componen el plancton evocando "sus rítmicos viajes que sustentan la vida marina y generan la mitad del oxígeno de la atmósfera terrestre", añade Ersin.
De esta manera, "tratamos de crear atajos para que el espectador se sienta identificado con algo que nunca ha visto y llegar a los sentidos con un modelo transversal", dice.
Dos salas aportan una selección de materiales procedentes de las investigaciones científicas: la primera expone una serie de boyas-hidrófono, micrófonos submarinos y estaciones donde se puede acceder a grabaciones reales de focas, ballenas, delfines o cachalotes mientras que la segunda recopila el conocimiento y la historia de la bioacústica desde que comenzaran las grabaciones bajo el agua.
En un principio, esas grabaciones "fueron motivadas por los intereses militares geoestratégicos desde la Guerra Fría hasta hoy", cuando se recogen también más datos para investigaciones científicas: en todo momento, la tecnología ha desempeñado un "papel crucial" en el estudio del paisaje sonoro marino, según la organización.
La exposición llama la atención sobre cómo la acción humana "ha empezado a degradar el paisaje sonoro marino" con la creciente amenaza del ruido que se arroja al océano, y se lanza un llamamiento a repensar la responsabilidad con el medio y preservar el equilibrio entre el ser humano y el resto de especies que conviven en el planeta. EFE
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